La biodiversidad y el poder suave
. 20 marzo, 2018

“La biodiversidad mexicana es más que un poder suave folclórico, es un poder suave para vivir” —José Sarukhan

La pasada semana, en el marco del décimo Foro VIF, el Dr. José Sarukhan Kérmez dio una importante conferencia sobre biodiversidad. Para el exrector de la UNAM, las sociedades exitosas se construyen gracias al balance entre diferentes capitales: el económico, el humano, el cognitivo y, también, el natural. Si consideramos esta ecuación, explicó, México es una nación desbalanceada, porque en los últimos años se ha prestado insuficiente atención al capital natural. ¿Cómo aprovechar desde el sector privado este importante capital?

Lo primero que hay que decir es que vivimos en un país con un capital natural envidiable. Con más de 100 mil especies a lo largo del territorio, México, integrado por diferentes ecosistemas, es uno de los diez países más biodiversos del mundo. La pluralidad de mamíferos en el Mar de Cortés, la densidad de flora y fauna de la península de Yucatán y la cantidad de frutas, granos y flores que crecen en el centro, representan riquezas únicas que se pueden aprovechar, no solo para actividades turísticas, sino como auténticas fuentes de poder suave.

La potencia de estas riquezas naturales radica en que hay una relación directa entre la diversidad ecológica y la diversidad cultural. Donde hay biodiversidad, hay diversidad de gastronomías, colores, textiles, artesanías, saberes, estéticas, lo que representa en conjunto una riqueza cultural única. El gran ejemplo es Oaxaca, que es el estado con mayor biodiversidad en México, porque ahí conviven todos los tipos de ecosistemas del país —desde selvas húmedas hasta bosques y playas—, y es, por lo mismo, uno de lugares en el mundo con mayor densidad de tradiciones, costumbres y cultura. Para decirlo rápido, Oaxaca es un estado con un enorme potencial porque Oaxaca solo hay uno.

Ante este contexto —de increíbles riquezas pero de descuido del medio ambiente— el reto para el sector empresarial es doble: planear, junto con el gobierno y la sociedad civil, políticas públicas de largo plazo para cuidar nuestro increíble capital natural y generar estrategias para promoverlo en el mundo. Para ello, debemos invertir más en reservas marinas, refugios pesqueros, reforestación, tratamiento de residuos e instalación de energía renovable, porque proteger el medio ambiente, en nuestro caso, un país con turismo y agricultura, es también proteger nuestro modelo económico y los miles de empleos que dependen de estas actividades. Por si fuera poco, es también proteger lo mejor de nuestras tradiciones y cultura.

Para resguardar el medio ambiente, en su conferencia el Dr. Sarukhan invitó a asumir un “cambio cultural” empezando con tres puntos: 1) valorar más el trabajo de los campesinos mexicanos, que son unos de los principales protectores del medio ambiente; 2) diseñar y difundir mejores campañas que inviten al consumo de alimentos locales para reducir la contaminación y la merma de recursos; y 3) valorar más la originalidad de la gastronomía mexicana que ha sido reconocida por la UNESCO como Patrimonio Intangible de la Humanidad y seguirá siendo, por la pluralidad de sus ingredientes, un capital inagotable para empresas de todos tamaños.

En este sentido —y como he explicado en las pasadas columnas—, en México todavía no hemos detonado nuestro enorme potencial, porque falta una administración más inteligente de nuestras riquezas y de la imagen en el mundo que podemos formar a partir de ellas. Debemos proteger y promover todo aquello que ya tenemos y nos diferencia del resto de los países, como el capital natural. Queridas lectoras, queridos lectores, muchas de las salidas están en casa, solo hay que voltear a verlas y aprovecharlas.

Artículo publicado en Reforma, el 20 de marzo de 2018.