Calles ácidas
. 15 mayo, 2017

“Una onza de prevención vale más que una libra de cura” —Benjamín Franklin

En Mérida recientemente han sucedido situaciones que a simple vista podrían parecer menores, pero que sin duda debemos prevenir para mantener la paz y la tranquilidad de nuestra ciudad. Hablo de un nuevo tipo de vandalismo que ocurre en diversas calles de las colonias Mérida, abarcando Chenkú y Chuburná, San Juan Grande, Petcanché y Francisco Montejo, donde presuntamente se arrojó ácido para debilitar la carpeta asfáltica. Tal parece que esto ha sido un acto deliberado: en los últimos días vecinos han reportado haber visto un vehículo arrojando una gran cantidad de ácido sobre las calles de esas colonias.

Esta situación debe preocuparnos por dos razones en particular. Primero, porque la inversión pública destinada al reencarpetamiento y mejoramiento de infraestructura municipal este año ha sido histórica, sumando más de 450 millones de pesos en el llamado “Mejoramiento de infraestructura urbana 2017”. Es una cantidad importante de dinero, que proviene de nuestros impuestos y que está siendo vulnerada con los actos vandálicos. Segundo, y más importante aún, porque al proteger las calles del vandalismo también se están previniendo delitos futuros. Me explico.

Existe una teoría dentro de la criminología llamada “teoría de las ventanas rotas”, se trata de una creencia que determina que mantener y monitorear ambientes urbanos para prevenir pequeños crímenes tales como el vandalismo, ayuda a crear una atmósfera de orden y legalidad que previene que existan crímenes más graves qué atender en un futuro. La teoría proviene de un artículo escrito por James Q. Wilson y George L. Kelling en 1982, en donde se planteaba un edificio con un par de ventanas rotas.

Si las ventanas no son reparadas en un periodo de tiempo corto, el vandalismo se acrecentará: más gente creerá que no hay castigo ni respuesta a las ventanas rotas, por lo que eventualmente habrá más personas que recurrirán a romper ventanas y a saquear el inmueble. Eventualmente, incluso podrían allanar el edificio y se convertiría en una especie de guarida para los vándalos. Arreglar un par de ventanas rotas implica grandes ahorros en temas de seguridad pública. Es más fácil prevenir el desorden público a contenerlo cuando éste ha estallado y se ha convertido en pan de todos los días.

Las causas detrás del presunto derrame de ácido en las calles de Mérida permanecen ocultas para la ciudadanía. Existen varias hipótesis, pero me parece que lo sensato es solicitar un estudio detallado sobre las calles dañadas para conocer las causas de las manchas, solicitar la intervención de las autoridades correspondientes para actuar conforme al resultado de dicho estudio y arreglar las calles lo antes posible.

(Aquí cabe un paréntesis. En días pasados me di a la tarea de ir a cada una de las calles donde se reportaron los presuntos ataques con ácido. En todas pude constatar y documentar las manchas blancas sobre la carpeta asfáltica. Recordemos que las calles son un bien público, que forman parte del bien común y que su reparación es pagada con nuestros impuestos. El gobierno debe de llegar al fondo del asunto. Las fotografías que tomé durante mi recorrido las encuentran en www.alejandrolegorreta.com.)

Es importante que acciones como éstas no queden impunes. Si tanto presupuesto se ha invertido en la estrategia Escudo Yucatán para promover la paz en nuestro estado, con cámaras y recursos nuevos para la policía, entonces el mismo debería servir para prevenir que actos vandálicos de esta naturaleza se vuelvan a repetir.

Sería una lástima no hacer nada y tener que reencarpetar dos veces la misma zona; sobre todo cuando se trata de crímenes que son tan prevenibles. Se debe encontrar a los responsables cuanto antes. No dejemos que la grilla se apodere del sentido común. ¡Podemos estar mejor!

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En menos de 140 caracteres: Apenas la semana pasada hablaba en este espacio sobre el problema de las pandillas en Yucatán. Estamos a tiempo de prevenir. Hagámoslo por nuestras familias.

 Artículo publicado en el Diario de Yucatán, el 16 de mayo de 2017.