Capitalismo bisnero
. 17 septiembre, 2018

“Si no peleas por acabar con la corrupción y la podredumbre, acabarás siendo parte de ella” –Joan Baez

Problemas como la evasión fiscal, la informalidad, la precariedad del salario y la falta de competencia, apuntalados por la corrupción, han generado en México y Yucatán un capitalismo clientelar que yo prefiero llamar, llanamente, capitalismo bisnero. Cuando hay una transición a la democracia, como en México, en la que el poder político queda fracturado y el poder económico-empresarial en pocas manos, el gobierno se convierte en presa fácil de intereses privados que usan las facultades del gobierno para generar fortunas. En el capitalismo bisnero, entonces, lo que importa es la relación corrupta con el gobierno más que la creación de valor: es el capitalismo basado en el tráfico de influencias. Este capitalismo bisnero no podría darse sin la falta de reglas claras, de transparencia, sin altos niveles de impunidad, la normalización de la corrupción y, sobre todo, sin el financiamiento ilegal de las campañas electorales.

Mientras que en una economía de mercado con reglas claras lo importante es la innovación, la calidad de los productos y los servicios (para competir con el resto de las empresas), en el capitalismo bisnero importan los contactos y la complicidad. Mientras que una economía de mercado con reglas claras produce tecnologías que modifican la vida de los consumidores, el capitalismo bisnero infla las carteras de unos cuantos, sin ningún tipo de impacto social. El capitalismo bisnero genera aparentemente productos y servicios de calidad que, en realidad, son productos y servicios de alto costo y baja calidad: carreteras que duran un par de años, hospitales mal equipados, programas públicos sin trascendencia. También, a pesar de la corrupción, parece que el capitalismo bisnero genera riqueza y empleos, por ejemplo, con la creación de infraestructura, pero, cuando vemos los datos, notamos que estas tienen poco impacto en los agregados nacionales de la economía.

El rey de este escenario es el “bisnero”, aquel personaje que solo busca hacer bisnes con el gobierno. Por alguna extraña razón, pareciera que en México y ya también en Yucatán el bisnero se ha convertido en un modelo aspiracional para jóvenes –y no tan jóvenes– emprendedores, que buscan hacerse de un lugar en el mundo de los negocios. Pero hay que notar que el bisnero no es un empresario verdadero. El bisnero no sabe competir, solo buscar el dinero fácil y mal habido. Prefiere destruir cualquier posibilidad de competencia. Se puede decir que el empresario cree en el trabajo y el mérito como valores en sí mismos; el bisnero, más bien, opta por el compadrazgo, los favores y los chantajes como formas de operar. Cree en el dinero por el dinero mismo: es un traficante de influencias.

El motor de este capitalismo bisnero es el financiamiento ilegal a las campañas políticas. La historia va, más o menos, así. Primer paso, un político quiere ganar una elección; segundo paso, se da cuenta de que el dinero que recibe de parte del financiamiento público para ganar la elección es insuficiente, puesto que los demás candidatos recibirán financiamiento ilícito; tercer paso, se acerca a o se le acercan uno o varios oportunistas que le ofrecen dinero para financiar su elección a cambio de jugosos contratos futuros con el gobierno; cuarto paso, el político gana y reparte esos jugosos contratos a sus ahora compadres bisneros. Este sistema prospera porque en México por cada peso de financiamiento público que se gasta en una campaña, hay al menos tres pesos que no se reportan, según cálculos del Centro de Estudios Espinosa Yglesias.

En resumen, el capitalismo bisnero destruye la creatividad y la competencia y desaprovecha millones –y hasta miles de millones– de pesos que se van a los bolsillos de los bisneros. México y Yucatán necesitan lo contrario: una economía lejos de la opacidad y la corrupción del capitalismo bisnero. Una economía productiva que genere valor y empleos de calidad. Una economía de méritos y no de tráfico de influencias. De muchas oportunidades y pocos bisneros. Una economía que forje empresas que puedan competir en el mercado global. Resolver el problema del capitalismo bisnero, cuyo motor es el financiamiento ilegal de campañas, es quizá uno de los retos más grandes de nuestra economía.

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En menos de 280 caracteres: Según datos del Anuario Migración y Remesas 2018 de BBVA, Yucatán es el estado con la segunda proporción más baja de hogares con migrantes que regresaron de Estados Unidos, con apenas 0.5%, al tiempo que solo 2% de los hogares yucatecos reciben remesas provenientes de nuestros paisanos que radican en ese país.

Artículo publicado en el Diario de Yucatán, el 18 de septiembre de 2018.