¿Cómo combatir la informalidad desde el sector privado?
. 27 agosto, 2018

“El ejemplo es liderazgo” –Albert Schweitzer

Pocos economistas como Santiago Levy han abordado con tanto rigor nuestro estancamiento económico. ¿Por qué la responsabilidad macroeconómica y la integración de México al mercado global no redundaron en un mayor crecimiento económico y en una reducción considerable de la pobreza? Porque los incentivos perversos no atendidos a nivel micro —plantea en su reciente libro Esfuerzos mal recompensados— siguen obstaculizando el crecimiento de la productividad total de nuestra economía.

La hipótesis de Levy es que los actuales regímenes laboral y fiscal y la falta de Estado de derecho desincentivan el crecimiento del sector formal, provocando una asignación ineficiente de los recursos disponibles. Es decir, ha madurado un marco institucional que premia a las empresas improductivas y castiga a las más productivas, que invita a que las empresas en general no crezcan y que los trabajadores permanezcan en el sector informal —sin acceso a seguridad social—, donde se emplean más de la mitad de los trabajadores mexicanos.

Si algo demuestra el análisis de Levy es que la falta de crecimiento no se debe a un factor, sino a un conjunto, y que, para dinamizar nuestra economía e incrementar la productividad, por tanto, los esfuerzos deben venir de diferentes frentes. Hay una necesidad de que el Estado corrija estas distorsiones con políticas públicas que estimulen el desarrollo empresarial y la inversión privada, pero también recae en nosotros, las y los empresarios, imaginar nuevas maneras de combatir la informalidad.

Porque, si bien entiendo que parte de los problemas son estructurales o dependen de las instituciones que rigen las actividades empresariales, creo que hacernos a un lado o victimizarnos nos quita capacidad de agencia. Lo que me interesa debatir, a partir del diagnóstico de Levy, es qué podemos hacer las y los empresarios a partir de mañana para combatir la informalidad desde el sector privado. Pongo en la mesa tres propuestas que dependen meramente de nuestra voluntad.

  1. Combatir la informalidad interna y externa

Existen empresas que tienen a una parte de sus trabajadores como informales, que realizan operaciones con proveedores y clientes informales o que contratan factureras que les ofrecen esquemas de defraudación fiscal, fomentando directa o indirectamente el problema. Estas prácticas deberían sean intolerables en el sector privado si de verdad queremos reducir el problema. Aunque puede significar un costo en el corto plazo, según la evidencia, el comportamiento ético de las empresas que renuncian a tener contacto con empresas corruptas, en entornos altamente corruptos, tienen un mayor impacto en los stakeholders. La corrupción e informalidad sí se pueden combatir empresa por empresa, industria por industria.

  1. Generar más empleos de calidad

Uno de los principales motores del empleo informal y el autoempleo es la falta de trabajo bien remunerado y con prestaciones en ciertos sectores del sector formal. Ante salarios bajos, los trabajadores prefieren autoemplearse o trabajar en una empresa familiar. Para mejorar la productividad debemos ofrecer mejores condiciones laborales, dando estabilidad y expectativas de crecimiento y desarrollo profesional, además de crear ambientes de trabajo estimulantes que incentiven el trabajo creativo y en equipo, y que procuren abonar a la calidad de vida de los trabajadores y sus familias. Los buenos empleos, sin duda, hacen las buenas empresas.

  1. Continuar y fortalecer la alianza anticorrupción entre empresarios

Nos debemos convencer (no solo en el discurso) que el Estado de Derecho es la vía para fortalecer nuestra economía. En México hemos visto en los últimos años liderazgos importantes en la sociedad civil, el sector privado y la academia para llevar la agenda anticorrupción. Esta es una agenda que no se puede abandonar y que se debe traducir en los siguientes años en instituciones sólidas que reduzcan la impunidad.

No me canso de decir que México cuenta con un potencial económico envidiable. El libro de Santiago Levy puede dar pie a un necesario debate sobre la productividad y el futuro de la economía mexicana para por fin detonarlo.

Artículo publicado en Reforma,  el 28 de agosto de 2018.