Un congreso a la altura de Yucatán
. 3 julio, 2017

“Las leyes inútiles debilitan a las necesarias” —Montesquieu

El Congreso del Estado de Yucatán no sólo es responsable de la elaboración de las leyes necesarias para crear las condiciones propicias para el desarrollo económico, la educación, la seguridad, la educación, el empleo, la salud y el bienestar de los yucatecos, sino que también es el principal depositario de la representación ciudadana.

En estricto sentido, cada una de las siete diputadas y los ocho diputados electos por el principio de mayoría relativa representa a las personas que viven en cada uno de los 15 distritos en los que está dividido el estado. Por lo tanto, estos representantes populares tienen la obligación de servir como nuestra voz en el congreso: de anteponer el bien común a sus intereses personales.

Ahora bien, nuestro congreso también cuenta con dos diputadas y ocho diputados electos por el principio de representación proporcional (los llamados “pluris”), que, si bien no representan a ningún distrito en particular, no dejan de ser representantes populares: están allí para servirnos y procurar el bienestar de las y los yucatecos.

Por si fuera poco, el Congreso del Estado de Yucatán también es pieza fundamental en el sistema democrático de pesos y contrapesos, dado que es depositario de las facultades de fiscalización del gasto público. Para ello cuenta con el apoyo de la Auditoría Superior del Estado de Yucatán, cuya tarea es revisar que el dinero público se gaste con honradez, transparencia, eficiencia y eficacia, además de denunciar cuando detecte desvíos o daños patrimoniales.

¿Qué tan bueno o malo ha sido el desempeño del Congreso de Yucatán en los últimos años y con relación a otros congresos? Según el Informe Legislativo 2017 publicado la semana pasada por mi amigo Juan Pardinas, director del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), el desempeño de nuestro congreso ha sido relativamente austero y eficiente, pero no tan productivo como podría ser. Me explico.

De acuerdo con datos del Informe del IMCO, el Congreso del Estado de Yucatán es el tercero menos costoso en términos absolutos (141 millones de pesos anuales), el sexto menos costoso por diputado (5.7 millones de pesos anuales), el séptimo con la menor diferencia entre recursos presupuestados y gastados, el tercero con el menor número de días de aguinaldo para los diputados (40 días) y el séptimo con el menor número de plazas por diputado (siete).

No obstante, nuestro congreso ocupa la posición seis de 14 en la remuneración bruta de los diputados (93 mil 880 pesos mensuales) y la 18 en incremento presupuestario de 2012 a 2017 (8.7 por ciento). Es decir, si bien contamos con un congreso relativamente austero, en años recientes la tendencia en el gasto ha sido ascendente.

En lo referente a las funciones legislativas, el Congreso del Estado de Yucatán no sale mal parado, aunque tampoco destaca por su productividad. De acuerdo con datos del Informe del IMCO, en 2016 nuestro congreso fue el cuarto con el menor número de sesiones celebradas en el pleno (56), el sexto donde los diputados presentaron el menor número de iniciativas (38) y el treceavo con el menor número de sesiones de las comisiones permanentes (171).

También cabe destacar que, durante el mismo periodo, el gobernador Rolando Zapata presentó 23 iniciativas (ocupando la posición siete entre los gobernadores que enviaron iniciativas a sus congresos), de las cuales 21 fueron aprobadas, y que en 2016 se realizaron 12 comparecencias de secretarios del Poder Ejecutivo, ubicándonos en la posición 14 en el ámbito nacional.

Si bien el Informe del IMCO no profundiza en aspectos cualitativos del trabajo legislativo (en la calidad de las leyes aprobadas y del debate parlamentario, por ejemplo), sí nos da una idea general del desempeño de nuestro congreso. En resumen, contamos con un congreso relativamente austero y eficiente, pero no tan productivo como podría ser. Mientras el desempeño de nuestro congreso no sea sobresaliente, los diputados seguirán despertando rechazo entre los yucatecos, con niveles de aprobación inferiores al 20 por ciento. A nadie nos conviene que nuestros representantes tengan mala imagen, eso debilita nuestras instituciones. Informes como el del IMCO nos permite señalar algunas de las acciones que se deben corregir, al mismo tiempo que podemos celebrar las que vayan por buen camino.

Si bien nuestro congreso no está mal, para variar ¡podemos estar mejor! Merecemos un congreso a la altura de Yucatán, ¡el mejor estado de México!

***

En 140 caracteres: Reconocer que Yucatán enfrenta un grave problema de feminicidios es un paso necesario para resolverlo #NiUnaMás.

Artículo publicado en el Diario de Yucatán, el 4 de julio de 2017.