Por un Congreso austero y eficiente
. 3 septiembre, 2018

“La austeridad es una de las grandes virtudes de un pueblo inteligente” –Solón

Querida lectora, querido lector, ¿qué te viene a la mente cuando escuchas la palabra “diputado”? Si pensaste en “corrupción” y “abusos”, seguramente formas parte del 93% de los mexicanos que se sienten insatisfechos con la democracia y del 78% que no tienen confianza en el Congreso. Y es que de tener una posición privilegiada como representantes del pueblo, se han vuelto acreedores, como grupo, de un desprestigio generalizado. Moches, nutridas cortes de “asesores”, comilonas financiadas por el erario, “turismo parlamentario”, ejercicio de prerrogativas sin necesidad de justificar gastos, bolsas discrecionales para “gestión social”, comisiones que solo sirven para asignar y justificar privilegios. ¿Le sigo?

A pesar del indignante cuadro anterior, el día de hoy quiero hablar de una buena notica, o de una, que al menos, puede servir para señalar lo que se está haciendo bien y sentar las bases para seguir mejorando. El pasado 27 de agosto, el Instituto Mexicano por la Competitividad (IMCO), dirigido por mi querido amigo Juan Pardinas, publicó el Informe Legislativo 2018, un documento que permite evaluar a detalle las finanzas de los 32 congresos locales y hacer comparaciones sobre su transparencia y rendición de cuentas en el ejercicio de los 14,480 millones de pesos que están ejerciendo en 2018. ¿Cuál es la buena noticia? Que el Congreso del Estado de Yucatán destaca a nivel nacional por su eficiencia, transparencia y rendición de cuentas en el ejercicio de recursos públicos.

Con 147 millones de pesos, en 2018 el Congreso de Yucatán no solo recibió el cuarto presupuesto más bajo de todo México, sino que registró un crecimiento de apenas 2% en términos reales desde 2015. Para dimensionar mejor estas cifras y hacerlas más comparables, cabe mencionar que el presupuesto de nuestro congreso fue el más bajo como proporción del presupuesto del estado (0.25%), el sexto más bajo por diputado (5.9 millones de pesos) y el séptimo más bajo por habitante (67 pesos). Además, en 2017 la variación del presupuesto aprobado contra el ejercido fue levemente negativa, lo que en términos prácticos quiere decir que no gastaron más de lo presupuestado. Otro dato destacable es que nuestros diputados no asignaron un presupuesto a ayudas sociales, que, en estricto sentido, no son una función legislativa, pero que, en la práctica, son usadas con fines electorales. Por último, el Congreso de Yucatán es el segundo con el menor número de comisiones (16), lo que habla de trabajo parlamentario poco burocratizado y relativamente eficiente.

Cabe aclarar que la eficiencia económica y burocrática de nuestro congreso no implica que realice sus funciones con eficacia. Necesitaríamos un nuevo análisis cuantitativo y cualitativo para evaluar la medida en que el Congreso de Yucatán es representativo de la pluralidad social del estado, genera y procesa proyectos legislativos que benefician a las y los yucatecos, discute y ajusta el presupuesto de egresos del estado, y vigila el gasto y exige cuentas al gobernador y a los secretarios de su gabinete, entre otras funciones. No obstante, me quedo con un buen sabor de boca por la austeridad de nuestros legisladores. Bien haría la entrante LXII Legislatura en conducirse con la misma eficiencia que la LXI. Que la fragmentación de las fuerzas parlamentarias no sea pretexto para la repartición discrecional de prebendas, presupuestos y privilegios. Recordemos que las mayorías se construyen con decencia, encontrando puntos de acuerdo, formando consensos y rindiendo cuentas de cara a la ciudadanía. Estemos atentos.

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En menos de 280 caracteres: En tiempos de atroces e intolerables feminicidios, la eficacia de nuestros ministerios públicos y policías investigadoras se debe medir en función de su capacidad para erradicar este flagelo.

Artículo publicado en el Diario de Yucatán, el 4 de septiembre de 2018.