Dos ideas para combatir la corrupción
. 20 febrero, 2017

“Debemos hacer valer la ley, enfrentar a los corruptos y los corruptores sin importar el nivel o el ámbito en que se encuentren” —Ivonne Ortega

Estamos inmersos en una crisis de corrupción que parece no tener fondo. Mientras en el ámbito nacional casos como los moches, Ayotzinapa, la casa blanca y las empresas fantasma de Javier Duarte contribuyeron a que México cayera 28 lugares en el Índice de percepción de la corrupción 2016, elaborado por Transparencia Internacional; en el ámbito local casos como el hospital general de Tekax, las luminarias de Mérida, Crecicuentas y el Museo del Mundo Maya nos tienen a todos con los pelos de punta.

Por eso no sorprende que la corrupción sea percibida como uno de los tres principales problemas del país. Así lo confirma la encuesta realizada por Opciona y Votia en agosto de 2016, donde la corrupción figura como el segundo problema más importante de México con 31 por ciento de las menciones —sólo detrás de la inseguridad, que concentra el 40 por ciento—, y la ENCIG 2015 realizada por el INEGI, donde la corrupción también figura como el segundo problema más importante de México con 51 por ciento de las menciones —sólo detrás de la inseguridad, que concentra el 66 por ciento—.

El Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) es la principal apuesta de la sociedad civil para combatir la crisis de corrupción política en México. El SNA busca coordinar a las principales instituciones encargadas de salvaguardar la transparencia y la rendición de cuentas en la Administración Pública Federal, con el objetivo de identificar, prevenir, investigar y modificar las situaciones que auspician la corrupción, así como de castigar las conductas individuales que capturan o desvían recursos y atribuciones, de acuerdo con su gravedad: faltas administrativas menores, casos graves de corrupción no penales y delitos de corrupción.

Cabe recordar que la implementación del SNA no podrá considerarse completa hasta que los congresos de las 32 entidades hayan realizado las reformas necesarias para crear un sistema estatal anticorrupción, homólogo al nacional, sin haber incurrido en actos de inconstitucionalidad, como fue en los casos de Quintana Roo y Veracruz.

En Yucatán la construcción del sistema estatal anticorrupción sigue pendiente. Si bien el plazo legal vence hasta junio de 2017, es importante que el Congreso del Estado realice cuanto antes las reformas y las designaciones necesarias para implementarlo. Ya sabemos que legislar a vapor dificulta la participación ciudadana.

Afortunadamente el SNA no es nuestra única esperanza. El pasado miércoles 14 de febrero la COPARMEX Mérida dio a conocer la campaña Yo no doy mordida, con el objetivo de fomentar la cultura de la legalidad entre los yucatecos. Uno de los grandes valores de la iniciativa es que es promovida por jóvenes empresarios y estudiantes que también están hartos de la corrupción. En un país donde el común denominador parece ser la apatía política, resulta muy alentador que los jóvenes sean quienes encabecen un esfuerzo tan claro y sensato desde la sociedad civil.

La campaña Yo no doy mordida se basa en tres pilares: 1) no doy mordida, 2) no permito que otros den mordida y 3) denuncio cuando veo que alguien da mordida. Su importancia radica en que las mordidas son la forma de corrupción más común y generalizada en México. En una encuesta realizada por Opciona y Votia en octubre de 2016, 23 por ciento de los mexicanos reconocieron haber pagado una mordida en el último año, ¡uno de cada cuatro mexicanos!

Quizá la forma más sencilla de sumarse a la campaña Yo no doy mordida es pegando en el coche o en la puerta de la casa una de las calcomanías que la COPARMEX Mérida estará repartiendo. Otra opción es asistir en compañía de amigos y familiares a las conferencias que se estarán realizando en universidades para concientizar sobre la campaña. También se puede participar invitando al gobierno estatal, a los 106 gobiernos municipales, a los 25 diputados locales y a los magistrados del Tribunal Superior de Justicia del Estado a sumarse a la campaña. Una cuarta posibilidad es acudir a la firma del pacto Yo no doy mordida, que tendrá lugar el próximo sábado 11 de marzo en algún lugar o monumento ícono de Mérida.

La campaña Yo no doy mordida me recordó algo sencillo que todos los yucatecos también podríamos hacer para reducir la corrupción en nuestro entorno inmediato. Durante el pico de los escándalos recientes de corrupción en Brasil se hizo la costumbre de aplaudir irónicamente cuando un político o bisnero corrupto llegaba a comer a un restaurante. En Yucatán no sucede nada de esto. De hecho, no falta quien se pare a saludar a estos personajes si tiene la “fortuna” de conocerlos.

Aplaudir irónicamente a los corruptos no solo nos permitiría demostrarles nuestro repudio sin faltarles al respeto, sino también los obligaría a pensar dos veces antes de presentarse en un lugar público. Basta de silencio ante personas que nos hablan de combatir la corrupción al tiempo que se enriquecen a costa de nuestros impuestos. Me pregunto si la persona a la que hago referencia al principio de esta columna pasaría la prueba del aplauso irónico en un restaurante meridano. Tengo mis dudas.

Sumándonos a Yo no doy mordida y aplaudiendo a los corruptos en lugares públicos podríamos convertirnos en agentes de cambio. No es necesario sentarnos a esperar a que llegue un iluminado a barrer la casa de arriba hacia abajo. Recordemos que la corrupción es un problema sistémico cuya solución requiere de la participación activa de todos los ciudadanos, porque juntos somos y podemos ser más. ¿Le entramos?

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En menos de 140 caracteres: En México la corrupción resta anualmente el 14% de los ingresos familiares. Imaginen lo que podríamos hacer con ese dinero.

Artículo publicado en el Diario de Yucatán, el 21 de febrero de 2017