El futuro con robots
. 31 julio, 2017

“A algunas personas no les gusta el cambio, pero tienes que abrazarlo si la otra opción es el desastre” – Elon Musk

Querida lectora, querido lector, si usted frecuenta las redes sociales como medio para informarse, probablemente esté enterada de la discusión que hubo la semana pasada entre Mark Zuckerberg, creador de Facebook, y Elon Musk, creador de Tesla. La discordia fue por tener opiniones divergentes sobre el futuro que nos depara la Inteligencia Artificial (IA): para Zuckerberg, ella representa una gran oportunidad para mejorar la vida de las personas; para Musk, puede representar un riesgo para la humanidad si no la regulamos proactivamente.

Esta conversación sobre la IA podrá parecer lejana, pero está basada en una realidad que avanza a paso veloz: la tecnología. Las máquinas hasta hoy han servido como herramientas para realizar trabajo pesado –y no tan pesado– de manera más eficiente. En un futuro también podrán reemplazar varios de los trabajos que hoy en día le dan de comer a millones de familias en todo el mundo, y eso tendrá un impacto económico, político y social en cada rincón del planeta.

Un buen ejemplo es Gita, un robot creado para ser un vehículo de carga personalizado, diseñado por Piaggio Fast Foward, una subsidiaria de Piaggio, los fabricantes de los motores Vespa. Se trata de una especie de maleta cilíndrica rodante que acompaña a sus usuarios en caminatas, a dos metros de distancia. Gita puede cargar hasta 18 kilos por ocho horas continuas, lo que lo hace bastante útil para llevar cosas en viajes largos e incluso para realizar infinidad de trabajos. Se podría decir que es uno de los primeros robots de consumo que podremos ver de forma cotidiana en la calle. Así como Gita, en un futuro no muy lejano habrá robots capaces de manejar coches por su cuenta, que servirán cafés de forma personalizada y que hasta podrán dar consejería jurídica.

Una investigación reciente por parte del National Bureau of Economic Research considera que cada robot adicional en la economía estadounidense reduce el empleo de 5.6 trabajadores. Con este dato en mente, cabe preguntarnos ¿qué deberíamos de hacer? ¿Acaso esta nueva revolución industrial debería de frenarse, ante lo inevitable de nuestro complicado futuro con la automatización? ¿Deberíamos de regresar al ludismo de los artesanos ingleses del siglo XIX, que destruían máquinas en aras de frenar la participación de las mismas en los procesos de producción en masa? Evidentemente ninguna de las anteriores, lo responsable, eficiente y sobre todo realista —porque pienso que no tenemos otra opción— es incrementar el acceso y la calidad de la educación, para adaptarnos a estos cambios y sacar el mejor provecho de la tecnología en beneficio de todas y todos. No será fácil, pero las sociedades que se adapten mejor y más rápido serán las que destaquen.

Hay quienes dicen que el futuro será una especie de “economía colaborativa” entre robots y humanos, donde los primeros ayudarán a los segundos a realizar trabajos cada vez más especializados. Así también, las nuevas tecnologías de la información exigirán que los seres humanos sepamos realizar tareas que hoy en día nos parecen impensables, pero que serán el “pan que dará de comer” a las futuras generaciones, como la programación.

De hecho, existen diversas propuestas que nos permitirán adaptar la evolución de los robots en nuestros trabajos y en la cotidianidad de nuestras vidas. A continuación, describo brevemente tres que he leído en diferentes reportes y me parecen disruptivas.

Primera ruta, establecer un impuesto a los robots que reemplacen los trabajos de seres humanos, lo que en el mediano plazo también reduciría la velocidad de la automatización de la economía y daría un espacio de respiro a los trabajadores. Segunda ruta, ampliar la oferta de robots, de tal forma que cada persona tenga la capacidad de conseguir uno y con ello asegurar un ingreso para él o ella y su familia. Tercera, y la más loca de las rutas, sería integrar computadoras a nuestro cerebro, de tal forma que los seres humanos tengamos la posibilidad de competir con los robots en distintas labores productivas. Por cierto, la primera ruta es la propuesta de Bill Gates y la última es la de Elon Musk.

Si bien el futuro es incierto para todos, incluyendo a los Zuckerbergs y Musks de este planeta, muy probablemente en los próximos 50 años veremos una revolución tecnológica, cultural y social como nunca antes vista. Cambiarán todas nuestras relaciones, desde las laborales hasta las sociales (¿se imaginan un robot político que se postule para un puesto de elección popular?). Habrá que estar preparados para lo que venga y, como dice Musk, para pensar de forma proactiva en cómo nos adaptaremos a los nuevos retos.

En menos de 140 caracteres: Se estima que para el año 2036 los lentes de contacto podrán tener incrustados sistemas de reconocimiento facial en tiempo real.

Artículo publicado en El Diario de Yucatán, el 1ro de agosto de 2017.