La cigarra y la hormiga
. 10 enero, 2018

“No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy” —Dicho popular

De todas las funciones del Estado, quizá la más importante sea preservar la seguridad de su población. Precisamente por eso decidimos dotarlo de lo que Max Weber llamó “el monopolio de la violencia legal”, piedra angular del Estado de derecho y, en la actualidad, del Estado democrático de derecho. Para ello es que el Estado cuenta con una policía y otras fuerzas de seguridad. Son los agentes encargados de mantener ese “monopolio de la violencia” dentro de canales legales, rindiendo cuentas a la sociedad y a los poderes de gobierno sobre sus acciones.

Desde esta perspectiva, podría afirmarse que Yucatán es de las pocas entidades en México donde el Estado tiene un verdadero monopolio de la violencia, lo cual es una gran noticia. Con una tasa de dos homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes (equivalente a la de países como Bélgica y Canadá), Yucatán no sólo es el estado menos violento de México, sino una isla en medio de un  mar sumamente agitado. Me resulta increíble que en el mismo país puedan vivirse realidades tan distintas como la de Mérida y Acapulco, dos destinos turísticos de clase mundial. Mientras en la Ciudad Blanca la tasa de homicidios es de 1.7 por cada 100 mil habitantes, la del puerto es de 104, tan alta como la de El Salvador, el país más violento del mundo.

Lo anterior no quiere decir que podamos dar por hecho que Yucatán seguirá siendo la entidad más pacífica de la república. En materia de seguridad, como en muchas otras, no hay garantías, menos aún si a escasas tres horas de Mérida se encuentra uno de los mercados más importantes de consumo de drogas en México. El riesgo es tan inminente como el hecho de que el crecimiento económico irremediablemente trae riqueza y desarrollo urbano, lo que a su vez incrementa la demanda de todo tipo de productos, incluyendo las drogas. Si queremos que Yucatán siga creciendo, tenemos que estar listos para un mayor riesgo de violencia y criminalidad. Así de claro.

Ahora bien, los datos son contundentes en el sentido de que los municipios más vulnerables a la violencia son los territorios en disputa. Si bien en el territorio de nuestro estado no es objeto de disputa entre carteles o bandas de criminales, las elecciones del próximo año pueden provocar la ruptura de pactos y acuerdos que hasta ahora han permitido mantener cierta paz. No se trata de apostar a la continuidad por miedo a que la alternancia amenace nuestra seguridad, sino de trabajar desde hoy para que, independientemente de quiénes ganen la gubernatura y las 106 alcaldías, la paz y la tranquilidad se mantenga en todo nuestro territorio. Por eso, querida lectora, querido lector, estoy convencido de que no tenemos tiempo que perder. Por más que la amenaza parezca lejana, no podemos darnos el lujo de convertir nuestra seguridad en un acto de fe.

Cuando mis hijas eran más chicas, me gustaba leerles fábulas con moralejas que las hicieran reflexionar, aunque la verdad es que quien terminaba reflexionando era yo. Una fábula que recuerdo mucho es la de la cigarra y la hormiga. Cuenta el cuento que la cigarra pasó el verano despreocupada, siempre al día, riendo y cantando sin pensar en el futuro, mientras la hormiga, en lugar de relajarse, trabajaba duro almacenando comida para el invierno. El invierno llegó y la cigarra tuvo que ir en busca de refugio y alimento. Su desidia la había dejado a la intemperie. La hormiga, en cambio, estaba lista para la escasez de granos y el frío. Su trabajo incansable se había traducido en paz y tranquilidad en el momento más complicado del año. Como había prevenido no tenía nada que lamentar.

Al igual que la hormiga, las y los yucatecos tenemos que estar listos para el invierno, para el momento en que la violencia toque la puerta. Dormirnos en los laureles de ser catalogados como la entidad más segura de todo México durante más de una década puede traer terribles consecuencias. Es momento de trabajar como si tuviéramos a los criminales a la vuelta de la esquina, fortaleciendo al Estado de derecho, a nuestros policías y a nuestros ministerios públicos. Una cultura de la legalidad apuntalada por instituciones sólidas y eficaces es la mejor receta para mantener la paz. Estemos atentos a lo que las y los candidatos propongan en esta materia. Aunque hoy no parezca prioritario, de esto depende buena parte del futuro de nuestras familias.

Que venga un extraordinario 2018 para todas y todos, ¡comenzamos!

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En menos de 280 caracteres: Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, hasta el 30 de noviembre de 2017, en Yucatán no se habían registrado ningún robo de vehículo con violencia ni ningún secuestro en lo que iba del año. Que estas impresionantes cifras tampoco sean pretexto para echarnos a dormir en la hamaca.

Artículo publicado en el Diario de Yucatán, el 9 de enero de 2018.