Por la plena igualdad de género
. 9 noviembre, 2018

“El logro de la igualdad de género requiere la participación de mujeres y hombres, niñas y niños. Es responsabilidad de todos” –Ban Ki-Moon

En todo el mundo, las mujeres ocupan 4.5 horas al día en promedio en trabajo no remunerado, incluidos la compra de alimentos, el cuidado de niñas y niños y la limpieza. Esto representa más del doble del tiempo que ocupan los hombres, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Los hombres ocupan más tiempo en trabajo remunerado y tienen más tiempo libre para practicar un deporte, salir o tener actividades de entretenimiento. De hecho, México está entre los tres países con mayor desigualdad entre hombres y mujeres respecto al promedio de horas de trabajo no remuneradas.

¿Qué pasaría si tuviera que pagarse el trabajo que se hace en casa? En un nivel productivo, este trabajo genera el 60% del valor producido en el mundo. Esto significa que no hay dinero suficiente para pagar el trabajo que las mujeres realizan. Querida lectora, querido lector, imagínate cómo sería que pagaras cada comida hecha en casa como si fuera en un restaurante, cuánto pagarías en una lavandería por la limpieza de tu ropa, y cuánto tendrías que gastar si contrataras a alguien todos los días para lavar los trastes, cuidar a las personas enfermas, y otras tantas actividades. ¡Sería carísimo! Lo más seguro es que no tendrías dinero suficiente para pagarlo todo.

Las tareas del hogar son sumamente importantes para la economía del país. Si son tan importantes, ¿por qué no se valoran? Todas las personas dependemos de todas. Dado que muchas mujeres siguen a cargo de las tareas domésticas y del cuidado de personas, lo más seguro es que busquen un trabajo con menos horas o con contratación flexible. Esas mismas tareas domésticas se vinculan con el ausentismo, la rotación, los problemas de salud e la insatisfacción laboral. También afectan las decisiones y las oportunidades de seguir profesionalizándose (escogen no proseguir estudios avanzados si deciden tener un hijo, por ejemplo), de ascender laboralmente o de ingresar con mejores condiciones al trabajo. Sin embargo, no solo las mujeres son afectadas. En el caso de los hombres, si alguno de ellos quiere involucrarse más en el cuidado de su familia, no tendrá posibilidades de acceso a políticas de paternidad que le permitan conciliar su tiempo laboral con el familiar.

Pero si la sociedad empieza a reconocer que tanto mujeres como hombres tienen derechos plenos, esto tendría impactos positivos. El reconocimiento de los derechos humanos de las personas ya es en sí el principal motivo para reconocer la igualdad entre hombres y mujeres. Sin embargo, también se ha demostrado que muchos campos se benefician cuando este reconocimiento es real. De acuerdo con estudios realizados en América Latina y el Caribe, contar con más mujeres en la fuerza laboral es positivo en el crecimiento del ingreso per cápita y en la reducción de la pobreza. Cuando el tiempo que las mujeres ocupan en labores no remuneradas se reduce de cinco a tres horas diarias, su participación en la fuerza laboral incrementa un 20%, según la OCDE. Una mayor participación de las mujeres en el trabajo remunerado y en condiciones dignas sería posible si los hombres hicieran más trabajo no remunerado. Reconocer la interdependencia es el primer paso para dignificar todos los oficios, sin importar el sector o el género que lo lleve a cabo.

¿Qué podemos hacer para combatir la desigualdad de género? No se trata de promover una “guerra entre los sexos”, sino todo lo contrario. El Estado debe ser el primero en reconocer los derechos de ambos géneros, buscando su igualdad y promoviendo leyes y políticas públicas. La política pública es lo que puede lograr que las cargas de trabajo no remuneradas de las mujeres se redistribuyan.

Por ejemplo, en lo referente a derechos laborales y de crianza, el permiso de maternidad y paternidad hace posible que las mujeres regresen a trabajar después de tener un bebé y que los hombres compartan más tiempo en el cuidado de sus hijos posteriormente. Dado que “lo personal es político”, actuar en favor de las expectativas que tenemos va en favor de nuestros intereses y desarrollo personal y profesional. Que el acceso a permisos de maternidad y paternidad sea a lo largo de la vida, no solo en el nacimiento. Por ejemplo, turnar los permisos para acudir a la escuela a firmar boletas, asistir a festivales, encargarse de las vacunas o llevar a un familiar al hospital, entre otros. Esto permitirá equilibrar la carga entre mujeres y hombres.

En casa también hay mucho por hacer. Podemos comenzar redistribuyendo las tareas del hogar. La responsabilidad puede ser compartida entre todos los integrantes de la familia: lavar trastes, sacar la basura, poner la mesa, barrer o meter la ropa en la lavadora, etc. El hogar es un espacio donde se ponen a prueba nuestras habilidades e intereses de grupo. Cuidar de este espacio común repercute en una mayor calidad de vida de las familias y en su felicidad. Sí existe la posibilidad de cambio cuando las personas no van sólo de su lado, sino que se interesan en lo que sucede a su alrededor, porque el mundo es de mujeres y hombres. Nos gusta ser reconocidos, así como mostrar empatía por lo que nos preocupa y por nuestra realidad. De lo que se trata es de caminar juntos, no de competir, dominar o explotar.

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Artículo publicado en el Diario de Yucatán, el 13 de noviembre de 2018.