México, más fuerte que nunca
. 26 septiembre, 2017

“Cosas malas siempre suceden en el mundo, como guerra, desastres naturales, enfermedad. Pero de esas situaciones siempre surgen historias de gente ordinaria haciendo cosas extraordinarias”—Daryn Kagan

Escribo estas palabras a seis días del sismo de 7.1 grados de magnitud que tuvo su epicentro en el municipio de Axochiapan, Morelos, y que afectó más directamente a la Ciudad de México y a los estados de México, Morelos y Puebla, y a 18 días del sismo de 8.2 grados de magnitud que tuvo su epicentro en Pijijiapan, Chiapas, y afectó más directamente a los estados de Oaxaca, Chiapas y Tabasco. Hasta ahora, sabemos que las muertes ascienden a más de trescientas y que ha habido cientos de inmuebles colapsados. Con los sismos y otros sucesos acontecidos a lo largo del país, como los huracanes, relucen varias verdades sobre las que nos debemos ocupar. Sin embargo, creo que la más importante de todas es que hay que reconocer la fortaleza de México y su enorme capacidad para salir adelante y hacer frente a la adversidad.

Primero, considero que existen tres variables relacionados con el factor humano que hay que tomar en cuenta para mitigar el impacto de los desastres naturales: contener la corrupción, regular mejor los procesos de urbanización y disminuir nuestro daño en el medio ambiente. Estas lecciones involucran a la Ciudad de México y al resto de los estados en el país, incluyendo a Yucatán.

Las afectaciones por estos terremotos van desde la pérdida de vidas humanas hasta los daños que están sufriendo miles de familias mexicanas. De acuerdo con el diario Reforma, alrededor de 140 mil edificaciones resultaron afectadas y 50 mil quedaron como pérdida total en ocho estados del sur del país, incluyendo a la Ciudad de México. Sin que haya datos definitivos, la evidencia apunta a que en varios de estos edificios hubo omisiones importantes en la regulación: falta de columnas de resistencia, permisos de uso de suelo que no debieron de haber procedido y una serie de irregularidades en las construcciones.

Si hubo corrupción en la construcción de estos inmuebles, es algo que no podemos seguir permitiendo. Pocas veces las consecuencias de la corrupción han sido tan claras: nos cuesta vidas. Una columna bien cimentada o la correcta regulación del suelo pueden ser la diferencia entre la vida o la muerte de decenas de mexicanos. Por otro lado, la pérdida o posible pérdida del patrimonio de miles de personas significa un empobrecimiento radical de sus condiciones de vida, mismas que se pueden perpetuar con el lucro de la clase política en épocas electorales. Se tiene que contener la corrupción buscando mejor regulación en la construcción de inmuebles y procurando que los apoyos que llegan a los afectados no sean utilizados bajo una lógica clientelista.

Por otro lado, de acuerdo con el INEGI, se estima que la población metropolitana en el país –es decir, el área urbana que rodea a una ciudad– crecerá de 65 millones de personas en 2010 a 78 millones en 2030. Estos procesos vendrán con una serie de riesgos con los cuales hay que tener cuidado: estrés hídrico, cambios en el uso de suelo, desastres y contaminación atmosférica. Todos estos riesgos implicarán, en el largo plazo, retos para construir ciudades más seguras, que puedan hacer frente a la incertidumbre ambiental; dígase derrumbes, inundaciones y sismos.

Finalmente, el tercer factor es el cuidado al medio ambiente. De acuerdo con el Instituto de Geografía de la UNAM, en México cada año perdemos 500 mil hectáreas de bosques y selvas, lo que nos coloca en el quinto lugar de deforestación a nivel mundial. La principal causa de deforestación es el cambio de uso de suelo para convertir los bosques en potreros o campos de cultivo. Esa práctica ha sido fomentada por todos los niveles de gobierno, que han visto a los bosques y las selvas como terrenos ociosos, sin dimensionar su importancia ambiental o en la contención de desastres naturales.

En Yucatán, así como en el resto del país, tenemos que aprender a encontrar un equilibrio más sustentable entre nuestras las zonas urbanas y el medio ambiente. Esto es importante porque nuestro estado se encuentra cerca del área de influencia de huracanes, mismos que se irán fortaleciendo en los años venideros a consecuencia del cambio climático. Una medida que nosotros podemos tomar para protegernos mejor de estas vicisitudes es cuidar nuestros manglares, que son una protección natural ante estos eventos.

A pesar de todo, no queda la menor duda de que México tiene la fortaleza para hacer frente a la adversidad, y eso es una excelente noticia. Hemos demostrado que los mexicanos contamos con redes de solidaridad que nos hacen resilientes a las sorpresas del destino. El tejido social de México es mucho más fuerte y profundo de lo que parecería cotidianamente.

Por ello estoy convencido de que México seguirá de pie. Nuestro país ha sido construido por personas que saben que los momentos de adversidad nos afectan a todos y que a todos nos corresponde ayudar para sanar mejor las heridas. El dolor que nos causaron los terremotos nos puede aturdir por un momento, pero sabemos bien que de él aprenderemos y construiremos un futuro en el que estos desastres naturales no repetirán sus terribles consecuencias en nuestras ciudades ni en nuestra gente. Hoy, mañana y siempre, somos responsables de no quitar el dedo del renglón y asegurarnos de que México quede más fuerte que nunca.

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En menos de 140 caracteres: Me llena de emoción ver la solidaridad de Yucatán con nuestras hermanas y hermanos de la Ciudad de México, el Estado de México, Oaxaca, Puebla y Morelos #NoDejenDeAyudar

Artículo publicado en el Diario de Yucatán, el 26 de septiembre de 2017.