No a la violencia de género
. 17 diciembre, 2018

“La violencia contra la mujer en todas sus formas es una violación de Derechos Humanos” –Michelle Bachelet

La semana pasada recibimos una noticia lamentable: se registró el séptimo feminicidio del año, según la Secretaría de Seguridad Pública. Una tragedia que se suma a la lista de más de cien feminicidios que se han registrado en Yucatán en los últimos diez años. Es importante que tengamos en cuenta que, aunque Yucatán es todavía una de las entidades con menos feminicidios en el país, ocupa ya el séptimo lugar en violencia física hacia las mujeres. Estamos hablando de un verdadero problema público que debemos enfrentar con decisión.

Por feminicidio se entiende el asesinato de una mujer cuando el género es un factor. En los feminicidios se revela una desigualdad estructural que pone en una situación de mayor vulnerabilidad a la mujer y por lo general son asesinatos que van acompañados de muestras de odio misógino: mutilaciones y signos de violación sexual o tortura.

Según el Observatorio Nacional Ciudadano del Feminicidio, solo entre 2014 y 2017 hubo más de ocho mil feminicidios en México, pero solo el 30% se investigaron como tales. Otros datos para contextualizar el fenómeno: en México, más de la mitad de las víctimas de delito sexual son mujeres, según la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas; otra constante es que una gran proporción de los asesinatos son realizados a manos de parejas o exparejas; incluso, la mayoría de la violencia hacia las mujeres es, por lo general, doméstica, una violencia perpetrada por familiares o conocidos; y se ha estimado, también, que en México más de la mitad de los feminicidios quedan impunes.

ONU Mujeres ha diagnosticado que América Latina es la región sin guerra más letal para las mujeres, donde se suelen conjugar tres características que facilitan la violencia: la invisibilización de las víctimas, la normalización de la violencia —desde piropos y violencia psicológica hasta agresiones físicas— y la impunidad de los agresores. Se trata de un tema con un ingrediente cultural (el machismo) pero también, y sobre todo, de un tema de Estado de derecho, en contextos donde las instituciones no responden a la ciudadanía.

Para combatir este problema hay que reducir, antes que nada, todo tipo de violencias contra la mujer: en la oficina, en el espacio público y en la casa, que perpetúan un clima de vulnerabilidad. Más importante: no hay que negar que el problema existe. Los feminicidios y la violencia machista son un problema político que impacta en la vida diaria de las mujeres cuyas implicaciones y soluciones tienen que ser discutidas abiertamente. No hay que normalizar este tipo de violencias.

En el plano gubernamental, el Observatorio Nacional Ciudadano del Feminicidio ha señalado que a Yucatán le falta una mejor política para registrar los feminicidios, por lo que, en el pasado, varios de estos delitos no han sido investigados como tales. Para entender el problema y reducirlo, antes tenemos que conocerlo. Por ello, es vital que las autoridades cuenten con bases de datos públicas que permitan identificar los pormenores de estos delitos y las características de los contextos en los que las mujeres yucatecas corren peligro, para generar políticas públicas preventivas coherentes, cuyos resultados puedan ser medibles.

Los feminicidios son una situación inadmisible en cualquier tipo de sociedad civilizada. Yucatán, este hermoso estado con un pasado milenario y un futuro prometedor, no puede ser lugar para este tipo de tragedias.

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En menos de 280 caracteres: Les deseo felices fiestas a todas mis lectoras y lectores. Gracias por su interés y comentarios constantes a esta columna. Nos vemos de regreso el martes 15 de enero. ¡Todo lo mejor para el año 2019!

Artículo publicado en el Diario de Yucatán, el 18 de diciembre de 2018.