Pensemos en grande
. 29 mayo, 2018

“Sólo es posible avanzar cuando se mira lejos. Solo cabe progresar cuando se piensa en grande.” —José Ortega y Gasset

En México la transición democrática trajo con sí un cortocircuito inesperado: de repente ya nadie se preocupó por el futuro de la democracia, por el largo plazo, y todos nos quedamos con las miras cortas, enfocados solamente en las siguientes elecciones y en las siguientes reformas que pudieran aprobar los legisladores. Las implicaciones de lo anterior, me parece, han sido costosas, y hoy podemos ver este cortoplacismo en las propuestas de las campañas electorales para enfrentar los retos del presente en todos los ámbitos. En resumen, creo que en estos años hemos perdido, salvo algunas excepciones, la capacidad de pensar en proyectos de gran envergadura.

Seguimos, aficionados, analistas, directivos y futbolistas por igual, añorando el famoso “quinto partido”, sin plantearnos, a largo plazo, cómo ser, ¿por qué no?, campeones del mundo. Este propósito tendría que tener dos requisitos necesarios: aceptar que no estamos al nivel de las potencias del balompié y diseñar un plan de largo plazo para lograr el objetivo. Pero, aquí, la culpa siempre es del técnico (o de los penales).

En el sector privado tenemos magníficas empresas mexicanas que hoy son verdaderas campeones globales —al igual que Apple, Google y Amazon—, y que saben que la inversión en capital humano, investigación, equipo y desarrollo tecnológico son ingredientes que en el largo plazo permiten generar condiciones de competitividad muy relevantes y extraordinaria rentabilidad para sus accionistas. No obstante, este sector empresarial competitivo coexiste con uno que busca obtener réditos rápidos, sin importar los canales, haciendo uso de todo tipo de prácticas corruptas que no solo destruyen valor en su entorno, sino que también manchan el nombre y significado del “sector empresarial”.

¿Por qué ninguna empresa de tecnología cotiza en la Bolsa Mexicana de Valores? ¿Queremos tener un ecosistema tecnológico vibrante? ¿Por qué todavía no terminamos de detonar nuestro potencial turístico? ¿Cuál sería la estrategia de nuestro vecino del norte si fuéramos una potencia en Poder Suave? ¿Por qué no creamos un laboratorio que se dedique a investigar soluciones innovadoras y rentables a las necesidades básicas de la ciudadanía y que además brinde servicios a otros países? ¿Por qué nunca nos propusimos como país ser los mejores en más disciplinas y ámbitos? ¿Solo porque es más fácil no arriesgar? ¿Por comodidad? ¿Por miedo al fracaso?

Hay una escena que me encanta del siglo XX: la llegada del Apolo 11 a la luna. ¿Por qué el presidente Kennedy se propuso mandar a los primeros humanos a la luna? ¿Cuál era su intención en la sociedad estadounidense y frente al mundo? Detrás de la imagen de un humano poniendo una bandera en la luna está un mensaje poderoso: cualquier ciudadano estadounidense puede llegar a la luna, si se esfuerza y trabaja para lograrlo. Este mensaje también tiene implicaciones internacionales: con esa imagen icónica Estados Unidos le dice al mundo que está a la vanguardia de los avances tecnológicos y humanos y que la ciudadanía puede trabajar en conjunto para lograr grandes objetivos. Creo que este tipo de proyectos de gran envergadura cambian radicalmente el ánimo de los países.

Este tipo de proyectos y gestos demuestran que un país está teniendo avances reales. Me imagino un México que recupere la imaginación como herramienta política, económica y de creación de valor. Entendamos que nadie nos obliga a ser cortoplacistas o a pensar en pequeño. Además, el tamaño de los retos mundiales que se nos presentan en este siglo (el cambio climático, el cambio tecnológico, la desigualdad) exigen propuestas y soluciones innovadoras y de mucho mayor alcance. Tenemos que recuperar nuestra capacidad para plantear objetivos a cumplir en 30 o 40 años, porque estos son los objetivos que de verdad importan y cambian, radicalmente, el panorama de un país, su capacidad productiva y su posición en el mundo.

Artículo publicado en Reforma, el 29 de mayo de 2018.