Pobreza: Vamos bien, podemos ir mejor
. 12 septiembre, 2017

“Erradicar la pobreza no es un acto de caridad, es un acto de justicia” –Nelson Mandela

La pobreza propicia la violación sistemática y grave de derechos humanos. Una persona que vive en situación de pobreza se enfrenta a enormes obstáculos, de índole física, económica, política y social para ejercer sus derechos. En consecuencia, sufre innumerables privaciones que se relacionan entre sí y se refuerzan mutuamente —como condiciones de trabajo peligrosas, insalubridad de la vivienda, falta de alimentos nutritivos, acceso desigual a la justicia, falta de poder político y limitado acceso a la salud—, que a su vez le impiden materializar sus derechos y perpetúan su pobreza.

En México la pobreza es un problema estructural, quizá histórico, que, aunado a la desigualdad, nos impide detonar nuestro enorme potencial social, cultural y económico. Me parece inaceptable que el saldo de 25 años de política social en nuestro país sea, por decir lo menos, indignante: la pobreza prácticamente no ha cambiado en 25 años (53.1 por ciento en 1992 y 50.6 en 2016), y la pobreza extrema ha disminuido, aunque no lo suficiente, debido a la focalización de algunos programas sociales en los hogares más pobres (11.3 por ciento en 2010 y 7.6 por ciento en 2016).

Si bien a nivel nacional los avances no parecen muy claros, en Yucatán los datos parecen contar otra historia. Según la más reciente medición de la pobreza realizada por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), la población yucateca en pobreza pasó de 48.3 por ciento en 2010 a 41.9 por ciento en 2016, una reducción de 6.4 puntos porcentuales, la doceava más importante de las 32 entidades durante ese periodo.  Además, durante los mismos años, la población yucateca en pobreza extrema pasó de 11.7 a 6.1 por ciento, una reducción de 5.6 puntos porcentuales, la octava más importante de las 32 entidades durante el periodo 2010-2016.

Para dimensionar la trascendencia de estas cifras, basta mencionar que las entidades que se ubican por encima de Yucatán en ambas categorías son los “tigres del Bajío” (Aguascalientes, Guanajuato, Jalisco y Querétaro) y las “potencias del Norte” (Baja California, Baja California Sur, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León), con las interesantes excepciones de Durango y Zacatecas. Es decir, después de las entidades que tradicionalmente son identificadas como las principales responsables del crecimiento económico y la productividad de nuestro país, Yucatán figura como un caso de éxito alejado de los espacios típicos de desarrollo más vinculados a las cadenas productivas creadas por el TLCAN hace 23 años. Nada mal.

No obstante, Yucatán todavía enfrenta importantes y evidentes retos que nos impiden echar las campanas al vuelo. Durante el mismo periodo 2010-2016, la población vulnerable por carencias sociales pasó de 26 a 32.5 por ciento, un inaceptable incremento de 6.5 puntos porcentuales. Además, la población con al menos una carencia social no registró variación alguna, permaneciendo en 74.3 por ciento durante el mismo periodo, y la población con carencia por acceso a los servicios básicos en la vivienda pasó de 37.4 por ciento en 2010 a 35.5 por ciento en 2016, una magra disminución de 1.9 puntos porcentuales. Si a lo anterior sumamos que Yucatán se ubica en la posición 16 en desigualdad, con un coeficiente Gini de 0.452, resulta evidente que todavía tenemos un largo camino por recorrer.

Que quede claro, en materia de pobreza vamos bien, pero podemos ir mejor. Por eso me parece importante recordar que en una sociedad existen al menos dos señales de éxito: 1) cuánto valor agregado (económico, político y social) se genera; y 2) que todas y todos tengamos oportunidades similares de participar en lo primero. El segundo punto no sólo es un asunto de justicia social. La eficiencia en la generación del valor agregado, como el PIB, se ve afectada cuando hay muy pocos participantes en la sociedad. Bajo esas circunstancias, ni la productividad alcanza su máximo potencial ni resulta sencillo conseguir un crédito que permita incrementar la inversión en capital y, por ende, el tamaño del pastel. Necesitamos más yucatecas y yucatecos participando en actividades económicas dignas y bien remuneradas. Solo así podremos erradicar la pobreza: ¡solo así podremos estar mejor!

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En menos de 140 caracteres: Pese a tener una de las remuneraciones diarias promedio más bajas de todo México (140 pesos), el ingreso trimestral en Yucatán (42,457 pesos), según la ENIGH 2016 del INEGI, es relativamente cercano a la media nacional (46,521 pesos).