Podemos estar mejor
. 27 febrero, 2017

“La democracia no es el peligro, es la oportunidad” —Carlos Castillo Peraza

El 2 de julio del 2000 y el 27 de mayo del 2001 no se olvidan. Tras años —qué va, ¡tras décadas!— de manifestaciones, denuncias, reformas y lucha social, México y Yucatán por fin alcanzaban la alternancia anhelada. Estábamos en la cúspide de la ciudadanía, el momento en el que las mujeres y los hombres con verdadera vocación de servicio llegaban al gobierno para revestirlo de dignidad y democracia.

Pero algo se rompió entre nosotros. La corrupción, que hasta antes de la alternancia era vista como patrimonio exclusivo del partido hegemónico, se convirtió en el rasgo característico de la clase política. La esperanza de cambio, que hasta antes del 2000 nos animaba a anteponer el bien común a nuestros intereses personales, fue desplazada por la política del cinismo que da pie a la patrimonialización de lo público.

Por si fuera poco, los partidos políticos dejaron de ser instrumentos cívicos para construir vida pública. Hoy los ciudadanos carecemos de las capacidades de gestión, interlocución y representación que sí tienen muchos de los actores que se benefician de los pactos de impunidad prevalecientes. Se nos olvida que el poder que no sirve para la gestión del bien común en el sentido más amplio irremediablemente queda el servicio de intereses particulares.

Ante esta realidad, lo que necesitamos es construir instrumentos políticos verdaderamente capaces de encausar opiniones, expresiones y participación ciudadana. Vehículos cívicos para hacer vida pública más allá de una militancia. Y la única forma de lograrlo, queridos lectores, es abriendo las puertas del sistema de partidos a los ciudadanos, porque aquí afuera hay millones de mujeres y hombres que queremos mucho a México, que queremos entregar lo mejor de nosotros a Yucatán y que requerimos, precisamente, de instrumentos que nos permitan reconstruir la casa grande que es la Patria.

Porque la inmensa mayoría de los mexicanos y los yucatecos queremos eso, un país y un estado donde los recursos públicos se ejerzan con honestidad y transparencia. Queremos que las autoridades de todos los niveles de gobierno cumplan el deber elemental de proteger la integridad de nuestras familias. Un México cuya economía sea verdaderamente libre y capaz de generar empleos porque las empresas compiten para ofrecer a sus consumidores los mejores bienes y servicios. Un Yucatán próspero que genere oportunidades de educación y ascenso social para jóvenes, mujeres e indígenas que hoy no las tienen.

Para lograr ese México y ese Yucatán debemos construir organizaciones políticas cercanas y pertenecientes a los ciudadanos, partidos verdaderamente abiertos a jóvenes, mujeres, académicos y líderes sociales talentosos que quieren transformar a la nación. Por eso es absolutamente imprescindible que nuestro sistema de partidos logre transformarse a sí mismo, y que el gran elemento transformador sea, precisamente, el ciudadano. Es momento de que el sistema de partidos abra sus puertas de manera decidida, radical y profunda a todos nosotros, pero en particular a los jóvenes, que no son el futuro sino el presente de México.

Por eso celebro el mensaje que el pasado domingo 26 de febrero un grupo de hombres, mujeres y jóvenes, encabezados por Emilio Álvarez Icaza, enviaron a la nación desde la Plaza de las Tres Culturas en la Ciudad de México. Al grito de “Ahora” nos recordaron que cuando una sociedad renuncia a la política como herramienta para transformar su realidad irremediablemente queda a merced de los corruptos. Nos inspiraron a soñar con un país donde los hombres y las mujeres somos dueños de nuestro propio destino, y donde los jóvenes pueden aspirar a vivir mejor que sus padres y sus abuelos.

Todavía estamos a tiempo de salir de la espiral de decepción y cinismo; de sobreponernos a las promesas rotas de la alternancia. Ahora o nunca puede convertirse en una plataforma cívica para hacer vida pública fuera del sistema actual de partidos. Porque ojo, el problema no son los partidos políticos, sino los partidos políticos que tenemos; el problema no son las instituciones, sino que han sido colonizadas por intereses ajenos al bien común de los mexicanos y los yucatecos.

Es momento de pasar de la nostalgia de la alternancia a la esperanza de la democracia. Porque no cabe duda, podemos estar mejor, y eso depende de nosotros mismos, por México y por Yucatán.

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En menos de 140 caracteres: El 2018 está a la vuelta de la esquina. Es momento de organizarnos, y si así no lo hiciéramos, que la nación nos lo demande.

Artículo publicado en El Diario de Yucatán, el 28 de febrero de 2017