El poder de nuestra gastronomía
. 3 diciembre, 2018

Para la extraordinaria chef Patricia Quintana, incansable promotora de la cultura y cocina mexicana.

“Ni francesa ni italiana, la mejor cocina del mundo es la mexicana” –René Redzepi

En repetidas ocasiones en este espacio he escrito sobre la importancia de la cultura, la historia y la biodiversidad de nuestro querido estado. Pero cuando hablo de este tema no solo lo hago por orgullo —que me sobra—, sino también en términos de política pública, pues estoy convencido de que si comunicamos con inteligencia los atractivos de Yucatán podemos tener un impacto positivo en más áreas de las que imaginamos.

Existe un tipo de poder que sirve para influir en el campo internacional, atraer inversiones y negociar proyectos, que no necesita mostrar los dientes o la cartera: este poder de atracción se conoce como poder suave (soft power).

El poder suave depende de qué tan atractivas son la cultura, los valores, los ideales y las políticas de una región para el resto de las naciones. El arte, la comida, la arquitectura, el deporte, el ecosistema emprendedor, la biodiversidad y las marcas comerciales son algunos de los recursos de los que se sirve el poder suave, ya que son los elementos que hacen a una sociedad única, admirable, interesante, aspiracional y atractiva. Asimismo, los mayores exponentes de una nación en esos ámbitos funcionan como una suerte de embajadores, que con sus exitosas carreras potencian el poder suave de la sociedad en cuestión.

En este sentido, Yucatán cuenta con importantísimas reservas de poder suave, siendo la gastronomía una de las principales. Es más, la comida mexicana es reconocida como Patrimonio Intangible de la Humanidad y se ha posicionado como una de las gastronomías más versátiles del mundo, y la comida yucateca es en parte responsable de esto.

La miel de abeja melipona, la cochinita pibil, el relleno negro, el queso relleno, el Poc Chuc, la sopa de lima, los papadzules, el pescado a la Tikinxic, el pib, las marquesitas, el dulce de papaya, el cebiche de caracol, el pulpo a las brasas, el kibi yucateco: todos estos exquisitos platillos, tan tradicionales, tan únicos, forman parte de este patrimonio que dota a nuestro estado de poder suave. Son nuestra herencia y una de nuestras principales fortalezas comparativas. Asimismo, restaurantes como Néctar, Oliva Enoteca, Teya, Pigua, Pueblo Pibil, Kuuk, La Tradición, Apoala y Rosas & Xocolate, que hacen una innovadora reinterpretación de nuestra gastronomía, son importantes embajadores públicos de la cultura yucateca.

Al final, el poder suave es el reflejo de lo que somos, pero también de la forma que queremos que nos vea el mundo. Y, como yucatecos, somos realmente muy afortunados, porque contamos con una riquísima y potente cultura culinaria. Todos podemos participar en la producción de poder suave y servir como embajadores de nuestro inigualable estado. Esa es la invitación que hoy te hago, querida lectora y querido lector. Si Oaxaca ya está poniendo el nombre de México en el mundo a través de su inigualable gastronomía, qué está esperando Yucatán para hacer lo mismo y mejorarlo. Es momento de que todo el mundo saboree nuestra gastronomía, basada en una mezcla sincrética de ingredientes endémicos y asimilados, basada en siglos de tradición y orgullo. ¡Buen provecho!

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En menos de 280 caracteres: Urge mayor claridad y certidumbre en torno al futuro de la ZEE de Progreso. El nuevo gobierno del presidente López Obrador debe anunciar pronto qué quiere hacer con este proyecto.

Artículo publicado en el Diario de Yucatán, el 4 de diciembre de 2018.