Poder suave
. 6 febrero, 2018

“Las naciones que tengan poder suave y lo sepan articular y proyectar, serán naciones atractivas, abiertas, con peso y credibilidad internacional” —Arturo Sarukhan

El soft power o poder suave sirve para influir en el campo internacional, atraer talento e inversiones y negociar tratados y acuerdos. Lo que lo distingue de otros tipos de poder es que no necesita recurrir a la fuerza, mostrar los dientes o, bien, la cartera; es un poder no coercitivo que abre puertas y sirve como una suerte de imán para los negocios, el talento, la innovación y la atención del resto de los países.

Joseph Samuel Nye, profesor de Harvard en los años noventa, acuñó este término para describir la habilidad de obtener lo que se quiere a través de la atracción antes que de la coerción. Este poder depende, entonces, de lo atractivo de la cultura de un país y sus políticas y de qué tan admirables son los ideales y valores de una sociedad para el resto de las naciones. El arte, la comida, la arquitectura, el deporte, el ecosistema emprendedor y las marcas comerciales son algunos de los recursos de los que se sirve el poder suave, ya que sirven como herramientas para que un país gane admiración. Dicha admiración bien utilizada puede ser convertida en influencia internacional y servir para influir sobre comportamientos externos.

No toda la proyección del poder suave depende del gobierno, pero el gobierno debería coordinar mejor los recursos de poder suave que produce el país en su conjunto. A los gobernantes mexicanos de las últimas décadas les ha faltado aprovechar este poder, informar acerca del mismo, impulsar actividades que busquen aumentarlo, invertir en la educación de talentos y coordinar acciones entre los diferentes órganos gubernamentales para aumentar este poder persuasivo. Como ha señalado incansablemente el embajador Arturo Sarukhan, tenemos que contar nuestra propia historia –si no, alguien más lo hará– e implementar las estrategias correctas de diplomacia pública, promoción y branding de México.

Según el informe The Soft Power 30 index, realizado por la consultoría política Portland y el Centro para Diplomacia Pública de la Universidad del Sur de California, que se propone medir el nivel de influencia de las naciones, partiendo del análisis de factores tan distintos como el gobierno, las capacidades digitales, la cultura, el peso de las marcas locales en el mercado global, la educación, los artículos de lujo, la política exterior, la gastronomía, el engagement y la habitabilidad, entre otras, el país con más poder suave en 2017 fue Francia, y ninguno de los países que dominan el ranking –Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Alemania y Canadá– se toma a broma el tema del poder suave y sus gobernantes, por lo general, entienden la importancia de dar una imagen correcta, es decir, que su estilo de liderazgo y su forma de gobernar tienen implicaciones internacionales en la capacidad de persuasión de sus países.

¿Dónde está México? Una de las principales economías del mundo no aparece en el índice de los países con mayor poder suave desde 2015. Algo se ha hecho mal en este sentido cuando incluso Brasil, con todos los escándalos de corrupción en los últimos años, aparece en el ranking en el lugar 29. Ahora bien, ¿se puede utilizar inteligentemente ese poder de atracción en México y cómo?

Primero que nada, pienso que contamos con los elementos. La comida mexicana es reconocida como Patrimonio Intangible de la Humanidad y se ha posicionado como una de las gastronomías mas versátiles del mundo. Además, México es el cuarto país con mayor biodiversidad, lo que atrae a más de 32 millones de turistas al año. Directores de orquesta y artistas como Alondra de la Parra y Diego Luna, por poner un par de ejemplos, son embajadores que han logrado proyectar su obra en el público internacional. Incluso la imagen de la celebración mexicana del Día de Muertos está siendo aprovechada por Disney y Pixar en Coco, la película más taquillera de la historia de México llega en una época en la que el gobierno de Estados Unidos adopta un discurso hostil contra México; cuando éste amenaza con una reforma migratoria y que también, al realzar la riqueza cultural de México, es una poderosa pieza que invita indirectamente a desbaratar los prejuicios que han caído sobre nuestro país recientemente.

Al final, el poder suave es el reflejo de lo que somos, pero también de la forma que queremos que nos vea el mundo. Debemos enmendar nuestros problemas sobre impunidad, corrupción e inseguridad, pues merman definitivamente nuestro poder suave. Existe una enorme oportunidad para que México obtenga cada vez más influencia de este tipo, con una política de imagen internacional más inteligente, que visualice lo mejor del pasado y del presente del país.

***

En menos de 280 caracteres: En congruencia con esta lógica, Yucatán también debería de trabajar para proyectar poder suave al mundo entero, con su cultura milenaria, riqueza gastronómica y turística y arte e industrias creativas. Tenemos todo para hacerlo, ¡podemos estar mejor!

Artículo publicado en el Diario de Yucatán,  el 6 de febrero de 2018.