Por un México más complejo
. 19 noviembre, 2018

“No basta con hacer lo que todo el mundo hace, con seguir las mejores prácticas” –Ricardo Hausmann

Con 53.4 millones de personas en pobreza, una pérdida de 75% del poder adquisitivo en los últimos 25 años, el 43% de la riqueza concentrada en el 1% de la población y con tasas de impunidad superiores al 90%, no cabe duda de que México enfrenta importantes retos para garantizar el bienestar y la prosperidad de su población. Son cifras simplemente inaceptables e indefendibles para un país que aspira a ser una potencia económica y un faro de desarrollo social en el mundo. Todavía más inaceptables considerando que gozamos de una población joven, donde el promedio de edad es 29 años, además de condiciones privilegiadas en nuestra geografía, orografía, cultura y medio ambiente: 11,122 kilómetros de litoral continental bañados por dos grandes océanos, una herencia cultural milenaria, una biodiversidad que nos coloca entre las grandes potencias del mundo. ¿Por qué no terminamos de detonar nuestro enorme potencial?

Si bien esta pregunta no tiene una sola respuesta, hoy quiero poner sobre la mesa una hipótesis que puede ser útil para planear estratégicamente los próximos años. Por ejemplo, las economías de México y Alemania no solo difieren en tamaño. La economía alemana cuenta con una serie de insumos que producen una mezcla de resultados muy diferentes a la mexicana; es decir, la economía alemana tiene diferentes “capacidades productivas”. Estas capacidades productivas son fundamentales para entender el desarrollo económico. Según la teoría de Ricardo Hausmann y César Hidalgo, economistas de Harvard y MIT, las capacidades productivas son todos los insumos, tecnologías e ideas que, al combinarse, determinan el horizonte de lo que una economía puede producir. Estas capacidades productivas no solo incluyen infraestructura, tierra, máquinas y personas, sino también las leyes y el conocimiento colectivo.

Con esta idea en mente fue que Hausmann e Hidalgo construyeron el Índice de Complejidad Económica (ICE), que busca medir las capacidades productivas de un país observando la mezcla de productos que exporta. El supuesto detrás del ICE es que las capacidades productivas de un país determinan el número y la calidad de los productos que puede exportar. Por ello es que el ICE tiene dos dimensiones: la diversidad de la canasta de productos de exportación de un país y la ubicuidad de esta canasta de productos en el mundo. La diversidad se refiere al número de productos que un país puede exportar competitivamente, mientras que la ubicuidad se refiere al número de países que pueden exportar un producto competitivamente.

Lo deseable para un país es tener una economía altamente compleja; es decir, exportar una amplia variedad de productos competitivamente y que estos productos sean relativamente escasos en el mundo. De hecho, cuando Hausmann e Hidalgo presentaron el concepto de “complejidad económica” demostraron que la correlación entre el ICE y el PIB per cápita de un país es muy robusta. No solo eso, también demostraron que el ICE es un predictor consistente del crecimiento económico. La implicación de estos hallazgos es contundente: a mayor complejidad económica, mayor crecimiento del PIB per cápita y mayor prosperidad económica.

Consideremos el caso de México. Según el ICE, la complejidad económica de nuestro país ocupa la posición 21 de 124 en el mundo, ubicándonos por encima de China, Rusia, Brasil e India, los famosos países BRIC. Basta ver nuestras principales exportaciones para explicar la posición relativamente alta de México en el ICE: automóviles (9%), autopartes (7%), vehículos de transporte (6%), máquinas de procesamiento automático de datos (5%), monitores, proyectos y aparatos de recepción para televisores (4%), teléfonos (4%), cables aislados y de fibra óptica (3%) y tractores (2%). No obstante, podemos estar mucho mejor. Para entenderlo, preguntémonos: ¿por qué la complejidad económica está tan correlacionada con el crecimiento, pero en términos del potencial productivo que todavía no es explotado? Países como México, por debajo del ingreso que se esperaría considerando su potencial económico, son países con la oportunidad de ajustar su política industrial para terminar de detonar su enorme potencial en función de sus capacidades productivas, algo que ya hicieron los países más ricos y con economías más complejas.

El reto es encontrar los sectores de nuestro economía con mayor potencial no explotado, lo que implica dirigir la política industrial, la inversión pública y privada e inclusive la política educativa a aquellas actividades donde podemos ser muy competitivos y que además son relativamente escasas en el mundo. Estamos hablando de tiros de precisión producto de la reflexión y el análisis, de mucho trabajo en equipo entre sectores público y privado y de una gran capacidad de autocrítica para lograrlo. Incrementar la complejidad económica de nuestro país será clave para poder generar un mayor crecimiento sostenible, corregir las deficiencias que señalaba al inicio de este texto y brindar un mayor bienestar a la población. Claro que se puede.

Artículo publicado en Reforma, el 20 de noviembre de 2018.