Recomprar acciones: ¿Buena idea?
. 8 octubre, 2018

“El precio es lo que pagas, el valor es lo que obtienes” –Warren Buffett

En mayo de este año, Apple, la compañía más valiosa del mundo, anunció la recompra de acciones más grande de la historia: 100 billones de dólares (escala numérica anglosajona, como se usará en todo este artículo), un monto superior al valor de capitalización de cualquier empresa que cotiza en la Bolsa Mexicana de Valores. Según Goldman Sachs, tan solo en 2018 la inversión autorizada por consejos de administración para recomprar acciones ascenderá a 1 trillón de dólares.

La recompra de acciones es un mecanismo que tienen las empresas para compensar a los accionistas, una especie de dividendo. Cuando las empresas recompran acciones reducen el número total de acciones en circulación y aumentan la proporción de utilidades que le toca a cada acción, como una pizza que se empieza a dividir entre menos personas. ¿Por qué hay empresas que prefieren recomprar acciones que pagar dividendos?

Las recompras son más flexibles que los dividendos en cuanto al pago de impuestos para el accionista y el manejo de flujo para la empresa. No obstante, los dividendos tienen la ventaja de tener un rendimiento garantizado. Recordemos que el hecho de que las recompras impulsen el precio de una acción no garantiza que este valor se mantenga en el mercado. Aunque el volumen de demanda generado sí puede subir el precio de la acción, las recompras no incrementan el valor intrínseco de una empresa, sólo lo concentran en menos inversionistas. Para entender su valor necesitamos conocer las razones por las que se llevan a cabo, así como identificar las implicaciones para los inversionistas y la empresa, solo así se puede determinar su utilidad para generar valor.

Las implicaciones para los inversionistas y la empresa están estrechamente relacionadas entre ellas y con el concepto del costo del capital. No olvidemos que los inversionistas son los dueños de la empresa, por lo tanto, una empresa tiene —o debería tener— como uno de sus principales objetivos dar el mayor rendimiento posible a sus inversionistas. La decisión sobre qué hacer con el dinero de la empresa está ligada a la capacidad de reinversión y retorno que la empresa le puede dar a su excedente de efectivo; es decir, ¿puede la empresa invertir el dinero a una tasa superior a su costo de capital (retorno mínimo que exigen sus inversionistas)? Si no puede, lo lógico es regresar ese exceso de dinero a sus inversionistas. Contrario a lo que podría parecer, esta situación se da en muchas de las empresas más exitosas del mundo.

En 2012 Apple tenía acumulado alrededor de 120 billones de dólares en su caja, prácticamente sin generar intereses. En situaciones como ésta las recompras representan una opción que agrega un mayor valor siempre y cuando las acciones se puedan comprar con un “descuento” razonable de su valor intrínseco. El mejor ejemplo de esta práctica es Warren Buffett, quien durante años ha recomprado las acciones de su empresa, Berkshire Hathaway, cuando estas llegan a cotizar por debajo de 1.2x su valor en libros, nivel de descuento suficiente según su análisis. En estos casos la recompra vuelve a ser a favor de sus inversionistas: les da una salida a aquellos que creen que la empresa está valuada justamente y concentra el valor en aquellos que consideran que debe valer más.

El debate sobre la recompra de acciones seguirá, y no es casualidad, basta decir que en los años ochenta las empresas en promedio destinaban 4% de sus utilidades a recomprar acciones, durante el 2018 en Estados Unidos esta cifra rebasará el 50%, monto que será superior al estímulo aprobado por el Congreso de los Estados Unidos en el pico de la Gran Recesión de 2008. Estemos atentos.

Artículo publicado en Reforma, el 9 de octubre de 2018.