Salud pública: Un reto pendiente
. 3 abril, 2018

“La salud es el punto donde convergen biología y sociedad, individuo y población, ciencias y humanidades, conocimiento y acción” —Julio Frenk Mora

México puede tener un futuro prometedor en todos los ámbitos si atendemos los obstáculos con la seriedad debida. Un ejemplo de ello es la salud, un tema que se suele desestimar en el debate público a pesar de que es un reto pendiente.

A diferencia de lo que ha sucedido en otros sectores, el Sistema Nacional de Salud, consolidado en los años ochenta, es un sector que sí ha producido avances sostenidos en el tiempo; además, la salud, como la educación, es un rubro donde la ciencia tiene resultados directos. Sin irnos muy lejos, la esperanza de vida en México en 1975, año en que nací, era de 63.9 años y en 2015 fue de 76.9. En 1990 la tasa de mortalidad infantil en nuestro país era de 40.5 muertes en niños y de 33.5 muertes en niñas por cada mil bebes nacidos vivos; en 2015 fue de 12.4 en niños y de 10.2 en niñas. Indicadores como estos nos demuestran que los avances son posibles, si se plantean objetivos a largo plazo y se trazan líneas de acción coherentes.

No obstante, todavía el país tiene retos importantes en esta materia. Por ejemplo, nos falta un tramo por recorrer para lograr la cobertura universal y gratuita, que es un mandato constitucional. Este es, quizá, uno de los datos más importantes de la actualidad del país: el 18.2% de los mexicanos (más o menos 21.8 millones de personas) no están afiliados a ningún tipo de proveedor de servicios médicos. Cierto, hoy alrededor de 50 millones de mexicanos están inscritos a un esquema de aseguramiento público al que antes no tenían acceso. Se ha reducido esa brecha, pero todavía tenemos un compromiso no saldado con buena parte de la población, ya que las implicaciones de esta falta de cobertura son realmente importantes. Hoy millones de mexicanos están desprotegidos frente a cualquier enfermedad grave o padecimiento crónico.

La calidad de los servicios de salud pública también es un reto pendiente. Casi todo mexicano sabe que, en el mejor de los casos, en las instituciones públicas de salud son comunes el desabasto de medicamentos, la saturación de los servicios y la mala calidad de los tratamientos; en el peor, la falta de hospitales y médicos en diferentes regiones del país, sobre todo en las zonas rurales, son un peligro eminente para la población. El gasto ineficiente, la desorganización del sistema, la falta de médicos y de infraestructura de calidad han hecho que estos problemas se vuelvan sistémicos.

Asimismo, la diabetes, el sobrepeso —un ranking en el que somos líderes mundiales— y las enfermedades cardiovasculares son grandes retos epidemiológicos que debemos combatir. Es impresionante cómo una mala alimentación en la infancia puede incidir en el futuro desarrollo académico y profesional de una persona. Por el número de decesos y la cantidad de complicaciones asociadas, estos problemas demandan soluciones urgentes. La agenda de prevención debe ser uno de los grandes temas en los próximos años.

En resumen, México no va por mal camino en salud, es decir, no está estancado, pero existen problemas concretos en el sistema de salud y problemas epidemiológicos identificables. También existe una cuestión de ritmo: la velocidad en la que estamos progresando debe mejorar, ya que nos cuesta vidas. Por ejemplo, más o menos 30% de los Objetivos de Milenio, un compromiso internacional que firmaron varios gobiernos en el 2000, compuesto por metas que van de la reducción de la pobreza a la detención de la propagación del VIH/SIDA, la reducción de la muerte materna y la consecución de la enseñanza básica universal para el año 2015, no se cumplieron; de igual manera, muchos de nuestros avances todavía se quedan cortos frente los estándares del resto de los países de la OCDE.

No hay que olvidar que la salud es una de las principales herramientas para reducir la pobreza y la desigualdad, y es un tema que puede tener un impacto positivo en la productividad laboral, la educación y el desarrollo de la población infantil. La salud puede tener beneficios igualadores, pero también puede afectar irremediablemente a buena parte de la población. Las oportunidades se esfuman igualmente porque estos problemas que apunté afectan principalmente a los grupos más vulnerables: los niños, las mujeres, la población indígena, los adultos mayores.

Como puedes ver, querida lectora, querido lector, a pesar de los avances, el panorama de retos en salud es lo suficientemente preocupante para no poner las manos a la obra. Una buena noticia es que contamos con instituciones de clase mundial como el Instituto Nacional de Cancerología y el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, instituciones que a pesar de contar con recursos económicos limitados, en relación a sus responsabilidades y alcances, están realizando extraordinarias acciones en la atención, prevención e investigación médica. Ahora nos toca asegurarnos de que en este año electoral la salud sea prioritaria para las y los candidatos. Es de vida o muerte.

Artículo publicado en Reforma, el 3 de abril de 2018.