Por un sector financiero dinámico
. 14 enero, 2019

“Las grandes empresas multinacionales son pequeñas empresas que han sido exitosas” –Reflexión anónima

Uno de los pilares de toda economía exitosa, con perspectivas de crecimiento sostenido, es indudablemente un sistema financiero sano, estable y eficiente. Esta red institucional de intermediación permite asignar de mejor manera los recursos disponibles al vincular el ahorro con la inversión, es decir, a quienes tienen dinero con quienes necesitan dinero para realizar proyectos productivos. Mientras más estrecho y eficiente sea este vínculo, mayor ahorro, valor agregado, innovación y actividad económica se generará en un país.

Un sistema financiero sólido y dinámico permite que, por ejemplo, el ahorro de un trabajador industrial en Hunucmá, Yucatán, pueda tener impacto en el desarrollo de una empresa de biotecnología creada por jóvenes en la Ciudad de México —y, a su vez, que estas empresas generen retornos atractivos aportando al patrimonio de este trabajador. Es el motor de un país emprendedor.

En este sentido, una de las grandes noticias de la semana pasada fue la presentación en Palacio Nacional del Programa de Impulso al Sector Financiero, que tiene el potencial de ser un proyecto muy positivo para el fortalecimiento de la economía mexicana. El programa propone mejores condiciones para bancarizar a los usuarios mexicanos. Por ejemplo, plantea el impulso a la banca digital —lo que permitirá reducir las transacciones en efectivo y, por tanto, facilitar el monitoreo de operaciones ilícitas— y mejorar las condiciones en que los trabajadores acceden a créditos de nómina. También que los mexicanos entre 15 y 17 años de edad, puedan abrir cuentas bancarias sin necesidad de un tutor; según la SHCP, se beneficiarán con esto 1.4 millones de jóvenes que ya forman parte de la población económicamente activa, pero que antes no tenían la posibilidad de ahorrar, de forma segura, el producto de su trabajo.

Lo relevante de lo anterior es que la bancarización democratiza el ahorro productivo y anima la inversión: los trabajadores, al ahorrar formalmente en el sector financiero, obtienen mayor seguridad y la posibilidad de invertir en proyectos con mejores retornos. Por su parte, las empresas pueden acceder a más capital, lo que incentiva el emprendimiento. Un círculo virtuoso que promueve la movilidad social. Estas propuestas ayudarán, además, a incrementar la penetración del crédito bancario al sector privado, que según datos del Banco Mundial apenas es de 27%, cifra que en los últimos años ha presentado una mejora significativa, en 2014 era de 22%, pero que sigue siendo un número inferior al de países como Brasil (60%) y Chile (79%), o al promedio de América Latina y el Caribe (45%).

Por otro lado, se propuso fortalecer el régimen de inversión de las Afores y el ahorro voluntario. La flexibilización del régimen de las Afores ayudará a mejorar el ahorro de los trabajadores, incentivar las inversiones de largo plazo y generar retornos más interesantes. Igualmente, se propuso flexibilizar la regulación de reportos y préstamo de valores, lo cual permitirá mejorar la liquidez en los mercados de renta fija y de capitales, y la reducción del ISR en las Ofertas Públicas Iniciales de 30 a 10%, con el objetivo de aumentar el número de empresas que cotizan en la BMV. Esto me parece particularmente importante porque tenemos la proporción más baja de la región de empresas que cotizan en bolsa por cada millón de habitantes, además de que el acceso al mercado bursátil continúa siendo, como hemos insistido incansablemente desde el Instituto VIF, uno de los mayores retos financieros para México.

Por ejemplo, de acuerdo con la IOSCO —Organización Internacional de Comisiones de Valores—, la regulación en México sólo permite las ventas en corto de instrumentos de alta o mediana liquidez, cuando, según diversos análisis, en mercados de capitales como el brasileño, las posiciones en corto representan alrededor de 25% del mercado. Además, el volumen comercializado de las acciones en la BMV representó en 2017 apenas 9.5% del PIB —también un dato inferior al de Brasil (31.3%), Chile (13.8%) y al promedio de América Latina y el Caribe (17.6%). Estos datos nos permiten contextualizar el tamaño del reto. No hay que olvidar que un mercado bursátil desarrollado es un indicador fiable de que se están asignando eficientemente recursos al talento empresarial.

Necesitamos conocer más detalles sobre las iniciativas anunciadas. Asimismo, para ser exitosas, será fundamental que las autoridades realicen una adecuada implementación de las mismas, pero esta claro que las acciones se encuentran en la dirección correcta, y la coordinación mostrada entre la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, el Banco de México y la Asociación de Bancos de México brinda mayor certidumbre.

Recordemos que el vínculo entre el desarrollo financiero y bursátil de un país, su desarrollo humano y la reducción de la pobreza es muy estrecho; aceleremos el paso.

Artículo publicado en Reforma, el 15 de enero de 2019.