Sin confianza no hay futuro
. 26 junio, 2018

“Todos los imperios no son más que el poder de la confianza” –John Dryden

La confianza, no me queda duda, es uno de los valores claves de toda sociedad exitosa.

La confianza permite articular las transacciones de los mercados y las relaciones entre los diferentes agentes económicos. Para que una economía prospere, los empresarios deben tener un marco de reglas confiable que les permita invertir y arriesgar capital. La confianza es una pieza fundamental para que exista el crédito y difícilmente se puede explicar el desarrollo de una sociedad sin un acceso adecuado al mismo.

Al igual, la confianza es clave para las relaciones entre los proveedores y los clientes: muchas de las grandes alianzas económicas que permiten que las empresas crezcan y se consoliden se construyen precisamente en el tiempo, por la confianza en el profesionalismo de la otra parte. También dentro de las empresas debe existir una confianza genuina entre los trabajadores horizontal y verticalmente, ya que delegar una tarea es, al final del día, confiar en alguien. Las empresas son, en este sentido, una suerte de redes de confianza, donde cada quien confía en el trabajo especializado de los otros, como en un panal de abejas.

En la política la confianza es el fundamento de la vida institucional. Los ciudadanos manifiestan su confianza en los representantes públicos con el voto. A la hora de gobernar una sociedad democrática, sin confianza es prácticamente imposible implementar políticas públicas, hacer política, convencer a la sociedad de qué rumbo hay que seguir. Para ello, las instituciones necesitan ganarse la confianza de los ciudadanos generando resultados; sin esa confianza, pierden su poder para regular la vida democrática y ejercer la ley. La pérdida de confianza en las instituciones siempre inicia un círculo indeseable que nos lleva a la anarquía y la corrupción. En muchos sentidos, la confianza es la base de la República.

Por otro lado, la confianza es un elemento indispensable en los sistemas científicos, la academia y las comunidades que generan conocimiento. Entre los colegas científicos, existe una confianza tácita en que los métodos rigurosos que permiten analizar empíricamente la realidad son los instrumentos indispensables para conocer el mundo. Las conclusiones confiables de la ciencia nos han permitido llegar a la luna, innovar tecnológicamente y aumentar cada vez más la esperanza de vida de nuestra especie.

No hay un día en que no piense que la confianza es un valor fundamental en mi día a día: en la relación con mi familia, con mis amigos, con mis alumnos, con mi equipo de trabajo, con socios, con inversionistas. La confianza está en todos lados cuando las cosas funcionan bien, porque es un valor fundamental para que las sociedades lleguen a un equilibrio. Algo muy difícil de construir y muy fácil de perder con cualquier gesto, mala señal, error.

En este momento histórico de cambios, que es un momento complicado para nuestro país en muchos sentidos, pero también un momento repleto de grandes oportunidades, la confianza será un activo fundamental para que México trascienda.

Querida lectora, querido lector, te invito a que este próximo domingo salgamos a votar, hagámoslo con la confianza de que nuestro voto contará y nos permitirá seguir construyendo una democracia sólida y vibrante. Estoy convencido que quien obtenga la victoria deberá ganarse la confianza de todos los mexicanos, sobre todo quienes no hayan votado por él, sin eso no hay futuro viable para el país.

Asimismo, es momento de reconciliarnos, de retomar y reforzar la confianza entre nosotros, entre nuestros vecinos, familiares y compañeros de trabajo, más aun si votamos por candidatos diferentes. México solo saldrá adelante con una sociedad unida, participativa y responsable, hagamos todos lo que nos toca.

Artículo publicado en Reforma, el 26 de junio de 2018.