¿Sin gas no hay paraíso?
. 24 abril, 2018

“La lógica te llevará de A a B; la imaginación te llevará a todas partes” –Albert Einstein

La preocupación por el abasto de gas y el suministro de energía a bajo costo para la industria yucateca resulta justificada considerando que es una condición necesaria para el desarrollo económico de la región. El problema que enfrentamos es que la mayoría del gas natural que se produce en la sonda de Campeche se va a los estados del centro y norte del país, por lo que a Yucatán llega poco gas y de mala calidad, provocando un desabasto para la industria y el sector eléctrico. En resumen, nos urge una fuente confiable de gas para encadenar sistemas de transporte y nuevas industrias. Las industrias que hoy tenemos operan con la energía producida en plantas que operan con diésel y combustóleo, que son combustibles más caros y que, por lo tanto, aumentan el costo de las cadenas de proveeduría en todo el estado.

Lo anterior ha desencadenado un debate muy interesante sobre cómo proveer de gas a la península. Para unos, la solución radica en que, con el ducto existente, se pueda traer gas en cuanto entren en operación inversiones como el ducto marino que irá del sur de Texas a Tuxpan. La idea sería extender y ampliar el ducto terrestre de Tuxpan hasta Cancún, pasando por Yucatán. Para otros, la mejor solución —e inclusive la más sustentable— serían las subastas de energía renovable para adjudicar a privados, al menos como un complemento a la obtención de gas natural en el estado. Desafortunadamente estos proyectos están tomando más tiempo del pensado en arrancar.

Lo que nadie duda es que uno de los factores externos más relevantes que debemos aprovechar en el futuro es el energético. En Yucatán hay un déficit importante de gas natural que limita los procesos industriales y, a largo plazo, el crecimiento y desarrollo de la industria. Es recurrente que los empresarios del estado señalen la inversión en gas como una de las prioridades para que haya una provisión constante del combustible.

Una buena noticia es que, partir de la reforma energética, se ha incrementado la inversión en infraestructura de gas natural en todo México. Se debe mencionar que actualmente el país tiene un déficit de más de 4 mil millones de pies cúbicos de producción de gas natural. El sistema de ductos es operado y abastecido principalmente por Pemex, cuya producción a fines de 2016 se encontraba en mínimos históricos. La poca producción se destina a las regiones industriales del norte y bajío, por lo que ha tenido un efecto negativo para Yucatán.

Ante esa realidad, se han hecho diversas propuestas para que la península obtenga más gas, como la compra de gas natural licuado (GNL) en Estados Unidos, que pueda ser transportado por barco hasta Puerto Progreso, donde se podría almacenar y distribuir. Sin embargo, los precios actuales del GNL y la propia configuración del puerto (la gran distancia entre la plataforma y tierra firme) hacen que la inversión sea poco viable.

De acuerdo con el PRODESEN 2017-2031, se espera una ampliación importante de la red de gaseoductos en el país, incluyendo la construcción del mencionado ducto marino entre el sur de Texas y Tuxpan, y se estima que, con el sistema completo en operación, se podrá triplicar el abasto de gas en la península a partir de 2019. Al tener mayor disponibilidad en el país, se tendría más combustible para proveer a la industria peninsular.

Otra opción, quizá más realista y responsable, sería apostar a industrias que no dependan tan marcadamente del abastecimiento de gas natural. La Zona Económica Especial de Progreso, con un énfasis en tecnologías de información, es una oportunidad para seguir creciendo sin necesidad de más gas natural. Apostarle a servicios turísticos, médicos y financieros, así como a la manufactura de componentes eléctricos, es otra opción para crecer sin depender del abastecimiento de gas natural. Sospecho que pensando fuera de la caja es como por fin podremos darle la vuelta a nuestro problema energético. Seguir aferrados a la idea de que “sin gas no hay paraíso” es seguir aferrados a una idea de industrialización del siglo XX y que, por razones estructurales, no es viable por ahora en la península.

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En menos de 280 caracteres: Las industrias que consumen más energía —y que por lo tanto son más dependientes del gas natural— son la química, la farmacéutica, la acerera y la papelera. Las opciones para industrializar Yucatán sin una alta dependencia del gas natural son más variadas de lo que creemos.

Artículo publicado en el Diario de Yucatán, el 24 de abril de 2018.