Un futuro común
. 14 enero, 2019

En Yucatán se vive bien. No solo tenemos una historia cultural milenaria, sino un presente sólido. Nuestro estado cuenta con diferentes hospitales de especialidades y más de 70 instituciones de educación pública superior, lo que lo convierte en la capital médica y educativa del sureste. Los indicadores de seguridad pública son favorables y los yucatecos tenemos la mayor percepción de seguridad y confianza en las autoridades de todos los estados del país. Hay buena accesibilidad y conectividad, y desde Progreso se importan y exportan diariamente miles de productos a diferentes continentes del mundo. Existe un atractivo mercado inmobiliario con precios competitivos, bajos costos de construcción y alta plusvalía y, por si fuera poco, contamos con una oferta cultural y gastronómica inigualable, un ecosistema diverso y maravillas de la humanidad como Chichén Itzá o Uxmal.

Por lo anterior, es común que Mérida, la capital, sea considerada como una de las ciudades de México con mejores condiciones para vivir según diversos rankings. Por ejemplo, el estudio Ciudades Más Habitables de México 2018 publicado por Gabinete de Comunicación Estratégica, que analiza el desempeño de los servicios públicos, la opinión de los ciudadanos y la cohesión social de las 76 ciudades más pobladas en México, consideró a Mérida como la ciudad con mejor calidad de vida en el país, en un ranking que dominan algunas ciudades del norte. En otro ejemplo internacional, solo en 2017 CNN Money recomendó a Mérida como el mejor destino para retirarse.

Estas condiciones han fomentado, por supuesto, cierta inmigración. Según el último Censo de Población y Vivienda del INEGI (2010), llegan a Yucatán más de los que se van y esto ha incidido en el crecimiento de la dinámica poblacional (si en el año 2000 la población yucateca era de 1,658,200 habitantes, para el 2015 ya era de 2,097,175 habitantes); en 2010, por ejemplo, llegaron en total 49,815 personas procedentes de estados como Quintana Roo, Campeche y Tabasco, pero también de entidades del centro del país, principalmente de la Ciudad de México. Aquí la pregunta es: ¿qué podemos hacer, como estado ideal para vivir, para aprovechar estos flujos migratorios?

Creo que aquí nos sirve el ejemplo de muchos países europeos, principalmente los escandinavos, que para mantenerse competitivos, en un contexto en que la edad promedio de sus poblaciones va en aumento, han optado por atraer y retener talento joven de otros países. En ciudades como Copenhague, Zurich, Helsinki, San Francisco, Bilbao, Madrid, París, Cardiff, Eindhoven y Gotemburgo entienden que el talento es uno de los principales activos de toda economía con perspectivas de largo plazo y han sabido articular políticas públicas para seguir atrayendo a nuevos ciudadanos con talento y, también, mejores inversiones. Para que esto sea posible, los gobiernos procuran la transparencia y la rendición de cuentas y han invertido en un sistema educativo que se adapta constantemente a las condiciones del presente y en un marco regulatorio flexible que permite crear fácilmente negocios. Por su parte, las empresas ofrecen seguridad económica y oportunidades de desarrollo laboral y profesional para el talento extranjero.

Que Yucatán siga creciendo su reputación como un lugar ideal para vivir representa una gran oportunidad para construir futuro. Además de incentivar la derrama económica, el nuevo talento siempre puede servir para invertir y generar empleos, traer nuevas perspectivas a la economía local y animar nuevos mercados que no hemos explorado como el de la tecnología. La clave de todo esto es saber cómo sacar el mayor provecho de las ideas frescas y cómo crear, sobre todo, una comunidad a partir de la diversidad que eleve la calidad de vida de todos.

No tengo duda de que en este tema se juega mucho del futuro de nuestro querido estado.

Artículo publicado en el Diario de Yucatán,  el 15 de enero de 2019.