Una propuesta educativa
. 3 octubre, 2017

“Si crees que la educación es costosa, prueba la ignorancia” —Derek Bok

Contrario a lo que probablemente muchos economistas dirían, creo fervientemente que la distribución del ingreso de una sociedad habla mucho de sí misma. Un país o un estado con una cantidad predominante de personas en situación de pobreza y una clase adinerada muy escasa, es un país o un estado estancado. Por otro lado, una sociedad donde la proporción de pobres es menor a la clase media o alta, es dinámica y está inserta o se ha insertado en procesos de crecimiento económico sostenido.

Pongamos a Yucatán en este contexto. Si separáramos en 10 categorías el ingreso de los mexicanos a nivel nacional, del 10 por ciento con menores ingresos (decil 1) hasta el diez por ciento con los mayores (decil 10), y la tradujéramos a nuestro estado para saber cuántas familias se encuentra en cada uno de éstos, podríamos ver que Yucatán es una sociedad relativamente igualitaria, al menos con respecto a los parámetros nacionales. De acuerdo con los datos de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gasto de los Hogares (ENIGH) 2016, aplicada por el INEGI, aproximadamente un diez por ciento de los hogares yucatecos pertenecen a cada decil nacional.

Esto no quiere decir que no haya pobreza en el estado, sabemos muy bien que cerca del 50% viven en condición de pobreza, sino que nuestra distribución del ingreso está muy cercana a la media nacional. No obstante, esto sí habla de que Yucatán es un estado que tiene un gran potencial para combatir la pobreza y hacer que los hogares que pertenecen a los deciles más pobres eventualmente se muden a los más ricos, como pasó en estados más desarrollados, como la Ciudad de México o Nuevo León. Sin embargo, la gran pregunta detrás de estos hechos es ¿cómo generar un crecimiento económico sostenido, de tal forma que tengamos cada vez menos personas viviendo en pobreza?

Una de las posibles respuestas es corrigiendo las fallas estructurales que afectan directamente los ciclos de pobreza, siendo una de ellas fundamental: la educación. Siguiendo la filosofía del intelectual-economista Amartya Sen, la economía del desarrollo debe enfocarse en desarrollar capacidades, lo que se traduce en que las personas tengan las herramientas y las posibilidades de realizar acciones para ejercer su libertad. En este sentido, la educación es un enorme capacitador para que las personas puedan desarrollarse y ser más libres.

Sin embargo, lo que nos dice la misma ENIGH 2016 es que existe una especie de paradoja en lo que respecta a la educación escolarizada en los hogares yucatecos: las familias más ricas son las que gastan más en educación y, a la vez, las que reciben más becas. Mientras que el decil más bajo se gasta trescientos pesos al trimestre en promedio, el decil más alto gasta cerca de 6 mil 500; a su vez, las becas para el decil más bajo tienden a cero, mientras que para el decil más alto son de 500 pesos mensuales. De igual manera, del monto total de becas, el decil más alto acapara más de la mitad, mientras que el decil más bajo alrededor del 1 por ciento.

Lo anterior es un problema porque una idea clave de las becas escolares es, justamente, la de igualar el terreno, de tal forma que no sea la condición económica de los padres la que determine el futuro económico de los hijos. Dinámicas así solo perpetúan la pobreza y no permiten que más y mejores estudiantes logren ingresar al terreno laboral. ¡Tan solo imagínense cuántos ingenieros, científicos y mujeres y hombres de negocios en potencia se quedan sin oportunidades porque su suerte ya está determinada por el destino de sus padres!

¿Por qué las becas van a los deciles más ricos? Una buena explicación de este fenómeno puede ser que hay un problema de autoselección en las becas. Es decir, que por alguna razón los hogares pertenecientes a los deciles más bajos son (auto)excluidos del proceso de otorgamiento de becas. Esto puede ser porque los padres ven poca utilidad a que sus hijos vayan a la escuela y prefieren que se pongan a trabajar o porque quizá las niñas y los niños de escasos recursos son incapaces de cumplir con los criterios elementales para una beca, como podría ser un promedio mínimo de 8, en el caso de las becas económicas del gobierno del estado.

Basándonos en estos datos, valdría la pena preguntarnos cómo podemos lograr que los niños de los hogares de menores ingresos sigan yendo a la escuela y, en el mejor de los casos, mejoren su rendimiento. Una hipótesis que podría explicar esto es que, para la gente en condiciones de pobreza, la educación implica un gasto cuantioso que podría verse aliviado con una beca alimentaria para el niño.

Si el niño recibiera una beca alimentaria, el efecto sería doble: para los padres significará una boca menos qué alimentar y para el niño implicará combustible que le permitirá rendir mejor en la escuela. Estas becas deberían de ser indiscriminadas del promedio y deberían de ser para los niños pertenecientes a los más bajos deciles de ingreso, al menos. De acuerdo con datos de la misma ENIGH 2016, el decil más pobre es el único de los diez que gasta más de lo que tiene, por lo que una ayuda de esta naturaleza podría ser determinante, hasta para el ahorro de las familias.

A muchos les podrá parecer que un gasto así sería costoso para las arcas públicas, pero yo le pregunto a usted, querida lectora, querido lector, si no le parece más costoso mantener décadas enteras de crecimiento insuficiente y pobreza estancada para los yucatecos. El verdadero costo de nuestra falta de oportunidades se ve en todos aquellos hogares que son incapaces de romper con ciclos de miseria intergeneracional que se perpetúan ad nauseaum, sin una política pública efectiva que los combata.

Quizá llegue el día que pasemos a tener una tasa de cero por ciento de pobreza, pero éste no llegará si no empezamos a pensar en darle más oportunidades a los menos aventajados.

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En (más de) 140 caracteres: Nos vemos mañana miércoles a las 17:30hrs en el auditorio Benito Juárez de la Facultad de Medicina de la UADY, ubicado en Av. Itzaes 498, para hablar sobre acciones que nos permitan cuidar nuestra salud y prevenir el cáncer. En esta ocasión, los invitados especiales del foro Más Yucatán Salud, serán el director general del Instituto Nacional de Cancerología, Dr. Abelardo Meneses, y el Secretario de Salud Pública de Yucatán, Dr. Jorge Eduardo Mendoza. Agradezco a las autoridades y a toda la comunidad de la UADY que nos abran las puertas de tan importante institución. El foro es gratuito y abierto al publico en general. Para registrar su asistencia por favor envíenos un mail a: contacto@masyucatan.com

Artículo publicado en el Diario de Yucatán, el 3 de octubre de 2017.