Yucatán frente al 2018
. 10 julio, 2017

“Con dinero baila el perro” –Frase popular mexicana

Tras una jornada electoral histórica que arrojó como saldo una apretada victoria para el PRI en el Estado de México, la derrota estrepitosa de un gobierno carcomido por el narcotráfico en Nayarit, la profundización de la debacle duartista en Veracruz y una elección que sigue en el aire en Coahuila, nos quedan escasos dos meses para respirar profundo y recargar energías antes de que arranque formalmente el proceso electoral 2017-2018 el próximo 1 de septiembre.

Va un frasco de botones para dimensionar lo que nos espera el próximo año. En lo que se antoja como un verdadero “súper domingo”, se elegirán ocho gubernaturas y la jefatura de gobierno de la Ciudad de México, 128 senadores, 500 diputados federales, 983 diputados locales, 1 mil 825 alcaldías con sistema de partidos y 417 alcaldías con sistema de usos y costumbres, además de la joya de la corona: la Presidencia de la República.

Un total de 3 mil 862 cargos de elección popular que podrían implicar una pasarela de hasta 35 mil candidatas y candidatos, que dispondrán de al menos 8 mil millones de pesos en financiamiento público fiscalizable (más siete u ocho veces ese monto en financiamiento público y privado no reportado), y que transmitirán más de 20 millones de spots de radio y televisión a través del tiempo correspondiente al Estado (30 minutos diarios de transmisión gratuita en todas las estaciones de radio y canales de televisión abierta).

De las cifras anteriores, a Yucatán corresponderán una de las ocho gubernaturas, 106 de las 1 mil 825 alcaldías, al menos tres de las 128 senadurías (podrían ser más dependiendo de cuántas yucatecas y yucatecos compitan y ganen escaños de representación proporcional), al menos cinco de las 500 diputaciones federales (y seguramente otras cinco de representación proporcional) y 25 de las 983 diputaciones locales.

A estos 145 cargos de elección popular se podrían sumar los 793 regidores de mayoría y representación proporcional que integrarán los cabildos de los 106 municipios de nuestro estado. A razón de cuatro candidaturas por cargo (PAN, PRI, Morena y algún otro), estamos hablando de una pasarela de entre 580 y 3 mil 700 candidatas y candidatos a cargos de elección popular, ¡tan solo en Yucatán!

Además, en nuestro estado el costo de las elecciones tampoco destacará por modesto. Si bien será hasta a principios del próximo año cuando el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Yucatán (IEPACY) defina los topes de gastos para cada una de las campañas de las candidatas y los candidatos que competirán por cargos de elección popular, desde ahora es posible hacer una primera estimación tomando como base los recursos ejercidos para estos fines en 2012 y 2015.

En 2015 el IEPACY asignó 90 millones 566 mil pesos a los partidos políticos para la obtención del voto y para actividades ordinarias y específicas. Si a este monto sumamos alrededor de 30 millones que podrán ejercer cada una de las campañas de quienes compitan por la gubernatura (por ejemplo, 120 millones si compitiesen cuatro aspirantes), alrededor de 56 millones que podrán ejercer quienes compitan por las cinco diputaciones federales de mayoría y alrededor de 29 millones que podrán ejercer quienes compitan por los tres escaños de mayoría relativa en el Senado, es probable que tan solo el gasto de las campañas de 2018 en Yucatán rebase los 290 millones.

Si a esto sumamos alrededor de 45 millones de pesos que el IEPACY requerirá para organizar y difundir el proceso y los 30 millones que requerirá el Tribunal Electoral del Estado de Yucatán para calificar la elección y resolver las impugnaciones y quejas de los partidos, es muy probable que las elecciones de 2018 en Yucatán nos cuesten cerca de 400 millones de pesos. Lo anterior sin contar el mercado negro de apoyos electorales que seguramente inyectará varios millones a las campañas de forma líquida y en especie. Sobra decir que este dinero adicional no será reportado a las autoridades.

Frente a tan impactantes cifras, cabe preguntarnos si nuestra democracia electoral —tanto en México como en Yucatán— está arrojando resultados proporcionales a la inversión de dinero, tiempo y recursos humanos que estamos haciendo. En concreto, ¿el retorno de inversión que obtenemos de cada peso de financiamiento público se está traduciendo en elecciones más confiables, representantes más cercanos, gobiernos más eficaces, instituciones más transparentes y mayor rendición de cuentas?

Sin duda hemos mejorado en la organización de las jornadas electorales (la instalación de casillas y el conteo de votos, esencialmente), pero la realidad es que todavía estamos muy lejos de contar con procesos confiables de principio a fin. Recordemos que las elecciones no sólo se ganan en la jornada comicial, sino también en los meses previos en que los candidatos buscan posicionarse en los medios, los gobiernos suelen repartir dádivas para consolidar clientelas y los ciudadanos evaluamos los errores y aciertos de los candidatos. No sé usted, querida lectora, querido lector, pero su servidor es de quienes piensan que, considerando el dinero invertido, ¡podemos estar mejor!

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En menos de 140 caracteres: En 2012 el tope de gastos de las campañas para gobernador de Yucatán fueron 21 millones 532 mil 433 pesos. ¡Qué ternura!

Artículo publicado en el Diario de Yucatán, el 11 de julio de 2017.